La OEA: Cada vez más cerca de la gente en el marco de la paz en la Cumbre de Integración por la Paz, CUMIPAZ. - Dr. Luis Almagro Lemes

La OEA: Cada vez más cerca de la gente en el marco de la paz en la Cumbre de Integración por la Paz, CUMIPAZ. - Dr. Luis Almagro Lemes

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La razón de ser de la OEA es el progreso de los pueblos de este hemisferio. Por eso nuestro lema es “más derechos para más personas”. En las Américas contamos con una plataforma común que a la vez es nuestro mejor fundamento: la paz; piedra fundamental sobre la que descansan nuestros cuatro pilares: la democracia, los derechos humanos, la seguridad y el desarrollo integral.

Amigos y amigas,

La Organización de los Estados Americanos es el foro político del hemisferio por excelencia. Tenemos la capacidad de convocar a dialogar a todos los países democráticos de la región en igualdad de condiciones, más allá del tamaño de su economía o población.

En nuestro Consejo Permanente todos los Estados del hemisferio tienen la misma representatividad: un solo voto.

Y contamos con países con poblaciones que superan 300 y 200 millones de personas, como Estados Unidos y Brasil, hasta las pequeñas islas del Caribe, que cuentan con menos de 100.000 habitantes.

Nuestros principios están claramente plasmados en los documentos fundacionales de la OEA, incluida su Carta, la Convención Americana sobre Derechos Humanos, diversas convenciones interamericanas y la resolución 1080 sobre “Democracia representativa”.

La Carta Democrática Interamericana, aprobada por aclamación por todos los Estados Miembros de la OEA en 2001, fue redactada como una verdadera constitución para las Américas. Estos no son documentos que nos hayan sido impuestos. Como Estados Miembros, cada país escogió negociar y firmar estos principios que definen quiénes somos, en qué creemos y cómo interactuamos entre nosotros.

Cada país escogió firmar estas convenciones y cada país tiene la obligación y la responsabilidad de cumplirlas y aplicarlas. De lo contrario, estamos hablando de letra muerta y de una Organización que estaría fosilizada, encerrada en los archivos o en las bibliotecas y muy lejos de los problemas de la gente.

Pero, son estas convenciones las que nos hacen únicos. No existe otra institución de igual manera comprometida con los derechos humanos y la democracia. Ninguna otra institución ha creado los mismos instrumentos jurídicos para proteger la democracia, y los derechos humanos. Este compromiso es único en nuestro hemisferio.

Nuestra tarea principal y compromiso fundamental es hacer cumplir estos compromisos con los pueblos de las Américas. Estamos convencidos de que esa es la mejor forma de asegurar la paz, y a ello orientamos nuestros programas, proyectos e iniciativas.

Entre ellas quiero destacar en estos días el compromiso con de seguir apoyando el proceso de paz en Colombia, país hermano que está saliendo de un conflicto bélico que lleva ya muchas décadas derramando sangre sin sentido.

 

El resultado del plebliscito del pasado domingo evidenció la necesidad de que el proceso de paz se haga carne en toda la sociedad colombiana. Coincidimos en la necesidad de entablar un gran diálogo nacional incluyente para que todos se sientan partícipes del proceso de paz.

Nuestra Misión de Apoyo al Proceso de Paz, la MAPP, seguirá trabajando en el posconflicto. La Misión, que cuenta con 12 años de trabajo en Colombia, monitoreará los desafíos y amenazas para la paz, que surjan a partir de las zonas donde este conflicto sea desarrollado en este tiempo.

La MAPP complementará y afianzará las labores de otras instancias nacionales e internacionales que también trabajan por la consolidación de la paz en Colombia.

La OEA está comprometida en un cien por ciento en la construcción de la paz, aportaremos todas las lecciones aprendidas y el conocimiento del territorio colombiano que hemos adquirido en estos doce años en Colombia.

Todas nuestra acciones están guiadas bajo la misma premisa: la OEA está y estará comprometida con la Paz del pueblo colombiano”.

La MAPP tiene 15 oficinas regionales y cubre 250 centros poblados en 20 departamentos del país.

Otra iniciativa a favor de la paz que hemos realizado recientemente es el Diálogo Interreligioso e Intercultural en las Américas que pusimos en marcha desde el Vaticano hace un mes, junto al Instituto para el Diálogo Interreligioso de Argentina, el IDI, todo ello bajo el auspicio del papa Francisco.

La idea rectora es impulsar un diálogo entre todas las religiones y culturas a favor de la paz, la tolerancia y la concordia entre nuestros pueblos, con el objetivo de que todos podamos poner los valores de la humanidad por encima de los propios, y reforcemos a las Américas como una zona de paz.

Este paso que hemos dado de la mano del Sumo Pontífice es un camino que llama a la concordia, a la reconciliación, a la paz y a la acción en defensa de lo que compartimos todos, independientemente de nuestras creencias: los valores trascendentes de la humanidad, los valores universales, la casa común, nuestro planeta Tierra.

Lo hicimos porque estamos convencidos que desde América podemos construir y enviar un mensaje distinto a la retórica de violencia y odio que se ha impuesto en varias partes del mundo.

En las Américas podemos demostrar que convivir en paz es posible. No en vano albergamos a inmigrantes de todo el mundo, refugiados de todo el mundo y contamos con una formidable diversidad de culturas, de razas, de etnias y de religiones.

En 2014, precisamente aquí en Asunción, los países de la OEA se autoproclamaron como zona de paz. Así reafirmaron lo que ya estaba escrito en varios tratados y convenciones interamericanas.

El compromiso de la OEA con la paz abarca otras acciones como el trabajo que desarrolla la Organización en la Zona de Adyacencia entre Guatemala y Belice, un diferendo de larga data que se remonta a la época de la colonia.

La Oficina de la OEA en la Zona de Adyacencia, funge como una misión civil de paz y realiza diversas actividades para mantener la paz y con el objetivo último de acercar a las dos partes a un acuerdo común y definitivamente librar su diferendo en la Corte Internacional de Justicia.

Entre las actividades que realiza se destacan las verificaciones y la elaboración de informes sobre cualquier incidente; el apoyo a los Gobiernos locales, los oficiales de migración, las agencias encargadas de emergencias y desastres naturales; y la coordinación con la policía y las Fuerzas de Defensa de Belice y el Ejército de Guatemala.

Pocos meses después de asumir la Secretaría General de la OEA en mayo del año pasado, enviamos una Misión a Haití y República Dominicana para interceder en el diferendo migratorio de ambos países.

La Misión presentó un informe que fue bien recibido por ambos países y significaron la posibilidad de un diálogo abierto y permanente.

También quiero destacar la labor de Misión de Apoyo Contra la Corrupción e Impunidad en Honduras, MACCIH, que pusimos en marcha hace unos meses y que trabaja día a día para acabar con el flagelo de la corrupción.

Además del combate a la corrupción, la MACCIH también trabaja para asegurar la paz en Honduras, porque la seguridad y estabilidad de las instituciones democráticas hondureñas son claves para asegurar La Paz.

Estas son iniciativas que nos muestran que la OEA está comprometida con promover y procurar la paz para el beneficio de todos los americanos y americanas.

Una de nuestras guías de acción ha sido desde el primer día: no esconderse jamás ante los problemas que surgen en el hemisferio.

Es por eso que no dudamos en alzar nuestra voz ante la situación que atraviesa el régimen venezolano, cuyas instituciones están paralizadas y sus habitantes están sometidos al desabastecimiento de alimentos básicos y de medicamentos

Hasta mediados de este año, Estados miembros de la OEA no habían abordado el tema como correspondía en las dinámicas de crisis que ese país hermano tenía; ese país hermano que se encuentra en una crisis política, económica y social sin precedentes, con una democracia resquebrajada.

En junio presenté un informe del Consejo Permanente de la OEA sobre la situación que atraviesa Venezuela, y pedí la activación de la Carta Interamericana con base al artículo 20, en pleno cumplimiento de las capacidades que dicho artículo concede al Secretario General de la OEA.

En agosto, 15 países de las Américas –entre ellos Paraguay– emitieron una declaración pública sobre la situación venezolana, donde reclamaron al Gobierno que convoque al referéndum revocatorio para este año, como única salida a la crisis política.

Hoy en día, ningún foro regional o subregional puede desconocer la realidad de que hoy en Venezuela no hay democracia ni Estado de derecho.

El Mercosur constituye el mejor ejemplo a seguir en ese sentido: sus miembros impidieron que Venezuela asumiera la presidencia, y están presionando para que cumpla sus compromisos con el bloque subregional de aquí a diciembre.

Como miembros del sistema interamericano, todos queremos lo mismo: Una solución pacífica a la crisis del país.

Ya nadie puede mirar hacia el costado. Los países del Mercosur dieron un paso al frente.

Desde la OEA seguiremos impulsando los principios que consagra la Carta Democrática Interamericana y la acción respecto a la misma. Es nuestro deber hacerlo, y hacerlo con la premura que la situación de crisis amerita.

Amigos y amigas, la inclusión es una cuenta pendiente en nuestro continente. Vivimos en el continente más desigual del mundo, con la paradoja de que cuenta con algunas de las tierras más fértiles del planeta y con los mayores recursos de agua dulce.

Durante el boom económico que vivimos entre 2002 y 2012, decenas de millones de personas salieron de la pobreza. Se incrementaron los programas sociales que ayudaron a mejorar los índices de pobreza, desigualdad y exclusión social. Por primera vez en nuestra historia, el tamaño de la clase media superó el número de gente que vivía en la pobreza.

Pero el crecimiento económico se estancó a nivel regional, sobre todo con la caída de los precios de las commodities. Y ahora nos encontramos en una situación compleja, y existe el riesgo de perder logros alcanzados en materia social.

Esto afecta las expectativas de la gente respecto a la efectividad de sus sistemas políticos.

El descontento de los ciudadanos con los servicios que la democracia les proporciona debe ser consolidado, debe ser combatido, debe ser enfrentado con los recursos que tiene la democracia. Las soluciones dentro de la democracia son más democracia y más democratización. Por eso, hoy más que nunca, la OEA debe abogar para que todos los ciudadanos tengan las mismas oportunidades de progreso.

En la Carta Social de las Américas, adoptada en 2012, los países reconocieron que “Los pueblos de América tienen derecho al desarrollo en un marco de solidaridad, equidad, paz y libertad; y los Estados el deber de promoverlo con el fin de erradicar la pobreza”.

En esa misma Carta se expresa, además, que los Estados tienen la responsabilidad de desarrollar e implementar políticas y programas de protección social integral, que den prioridad a las personas que viven en condiciones de pobreza y vulnerabilidad.

En la Asamblea General, celebrada aquí en Asunción en 2014, se reconoció que para afrontar los retos del siglo XXI, se trata de lograr una OEA que esté más cercana a las personas. “Desarrollo con inclusión social”, fue el tema de aquella Asamblea que propuso Paraguay.

Como organismo multilateral hemos realizado tangibles esfuerzos para promover la agenda social en las Américas. Los Estados Miembros también han mostrado un alto grado de compromiso.

En julio de este año, celebramos aquí mismo en Asunción la III Reunión de Ministros y Altas Autoridades en Desarrollo Social de las Américas. En el Encuentro se aprobaron compromisos para el desarrollo social, que son los grandes consensos a los cuales debe apuntar la agenda de desarrollo e inclusión social a nivel regional.

Desde entonces, la OEA ha estado dando seguimiento al cierre de la ministerial, incluyendo, a través de la Red Interamericana de Protección Social (RIPSO), mantener un diálogo activo entre autoridades camino a la próxima Ministerial de 2018 en Guatemala.

Asimismo, para apoyar a los países de las Américas en el logro de los Objetivos 2030 de Desarrollo Sostenible (ODS), la OEA y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) acordaron cooperar conjuntamente, y en estos días estamos cerrando un acuerdo de cooperación similar con el Fondo de Población de las Naciones Unidas.

La Agenda 2030, es un paso más allá que los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), porque toma en consideración la necesidad de un paradigma de desarrollo que sirva para las personas.

Si a nuestro compromiso por la paz, la defensa de la democracia y los derechos humanos, somos capaces de articular la Agenda 2030 para acabar con la exclusión social en las Américas, estaremos cumpliendo con acercar a la OEA a los problemas reales de la gente y colocar a nuestra Organización a la altura de los desafíos del siglo XXI.

Amigas, amigos, de todo el continente, contamos con ustedes para impulsar esta Agenda de progreso basada en la importancia que tiene el ciudadano hoy, a la hora de consolidar democracia y paz en el continente.

Muchas gracias.