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SESION JUSTICIA Y DEMOCRACIA Dra. Liliana Valiña

Transcripción



“Mecanismos jurídicos para incrementar la protección de los Derechos Humanos en el mundo globalizado”

Muy buenos días a todas y a todos. Agradezco la invitación en nombre de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, para participar en este evento tan importante, tan esencial para el tema fundamentalmente de la paz y de los Derechos Humanos.

Desde mi perspectiva podemos abordar los mecanismos jurídicos existentes, orientados a aumentar la protección de los derechos humanos en el mundo, pero no podemos hacerlo sin reflexionar sobre los desafíos y las contradicciones que impiden que estos mecanismos tengan la efectividad y los resultados esperados. Creo que fundamentalmente es esencial que miremos que seguimos creando mecanismos pero no les damos la oportunidad de que sean eficaces.

La ponencia que me solicitaron hoy ubica la temática en un mundo globalizado, y creo que este concepto también amerita una reflexión. Asimismo, me gustaría referirme no solo a esos mecanismos sino también aportar elementos sobre los condicionamientos para lograr mayor eficacia en la protección de los Derechos Humanos en todo el mundo.

Hablamos de globalización sin una definición específica pero haciendo principalmente referencia a un proceso económico, tecnológico, político y cultural, a escala planetaria, basado en la comunicación y en la interdependencia cada vez mayor entre los distintos países del mundo, que uniendo sus mercados, sus sociedades y culturas, vehiculizan una serie de transformaciones sociales, económicas y políticas que les dan exactamente ese carácter global.

Cuando hablamos de globalización también pienso en el término “aldea global” acuñado por el sociólogo canadiense Marshall McLuhan; término que ha vinculado fundamentalmente al proceso del cambio generado a partir de las transformaciones provocadas para los medios de comunicación esencialmente audiovisuales; sin embargo, también ha sido muy utilizado como referencia simbólica a la conexión que hoy tenemos los seres humanos a unas circunstancias remotas en donde la existencia de una distancia es superada por factores como la tecnología.

Y ahí pienso, cuando hablo de la aldea global, pienso las palabras de Eleanor Roosevelt, quien es considerada mujer pionera de la Declaración Universal de Derechos Humanos, cuando se preguntó: ¿En dónde empiezan los Derechos Humanos Universales, después de todo? Y respondió: “En los pequeños lugares, cerca de casa; son tan pequeños y tan cerca que no se pueden ver en ningún mapa del mundo”.

Y sin embargo, aunque hoy sí se pueden ver a través de Google Maps, y sin embargo son el mundo de la persona individual: el barrio donde vive, el colegio o la escuela a la que asiste, la fábrica, finca u oficina donde trabaja. Estos son los lugares donde todo hombre, mujer y niño busca igualdad y dignidad sin discriminación. A menos que estos derechos tengan sentido allí, poco sentido tendrían en otra parte.

Sin la acción concertada de los ciudadanos para respetar estos derechos cerca de casa, en vano buscaremos el progreso del mundo en un sentido más amplio; y aquí con esto termino con la cita de Eleanor Roosevelt.

Por otra parte, cuando conectamos globalización con Derechos Humanos nos surgen al menos dos aspectos que podemos comentar: por una parte, los Derechos Humanos a partir de la Declaración Universal han sido parte de esta globalización, a partir de una fundación de premisas básicas mundiales para todo ser humano independientemente de su condición y del lugar en el que se encuentre, y de su entorno.

Por otra parte, mucho se ha analizado sobre las consecuencias de la globalización en el disfrute de los derechos humanos. Informe del secretario general de las Naciones Unidas, del alto comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, han puesto como consecuente alguna de estas consecuencias en sus aspectos negativos, abordando igualmente algunas recomendaciones.

Lo cierto es que a más de 15 años después de haber entrado en el nuevo milenio, y de 60 de la adopción de la Declaración Universal de Derechos Humanos, aun con invalorables logros, muchos de los desafíos para la humanidad siguen vigentes en numerosas áreas. 

La Declaración de 1948 continúa hoy representando una hoja de ruta que presiona la conciencias y las agendas mundiales regionales y nacionales, para pasar de la retórica a la acción, que cambie la vida de millones de personas en el mundo. A ella se ha sumado en la búsqueda de cambios concretos significativos y globales, primeramente la Declaración de Desarrollo del Milenio y más recientemente los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Siempre me parece importante recordar que las Naciones Unidas se crearon con base en tres pilares:

-    Paz y Seguridad

-    Desarrollo

-    Derechos Humanos 

No les extrañaría seguramente saber, que a pesar que esos tres pilares son la base de las Naciones Unidas, el pilar de Derechos Humanos solo recibe el 2% de presupuesto de las Naciones Unidas: y mientras vemos esa realidad vemos dónde encajan estos mecanismos jurídicos para la protección de los Derechos Humanos; ahí hay un primer desafío.

Sin embargo, estos conceptos universales e interdependientes nunca terminaron tampoco de ser comprendidos ni aplicados desde una concepción integral. Esto representa un desafío mayor, porque así como nuestro mundo está cada vez más globalizado e interconectado, las políticas y estrategias requieren de esa misma visión que interrelacione estos tres pilares para darles la dimensión y eficacia necesarias.

Trabajar el pilar de Derechos Humanos aparte, sin conexión con el resto, no permite la eficacia de los mecanismos que vamos creando.

De la Declaración Universal como primer instrumento fundacional, surgieron obviamente otros, completando el acervo jurídico de lo que hoy conocemos como Derecho Internacional de los Derechos Humanos; con instrumentos de distinta índole, dentro de los cuales, por supuesto, principalmente están los Tratados Internacionales de Derechos Humanos. En ese marco también se fueron construyendo distintos órganos y mecanismos internacionales de protección de los Derechos Humanos.

La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos tiene justamente el rol de secretaría técnica de todos esos mecanismos, y trabaja en relación con el trabajo y para lograr los objetivos que esos mecanismos tienen; sin embargo tiene las mismas dificultades de esa realidad que vemos: escasez de recursos… Aquí hablaban antes, cómo trabaja la Corte regional de África, los problemas que ha tenido también nuestra Comisión y Corte Interamericana en la región de América Latina. Es decir, realmente si no conectamos todas estas cosas vemos que esos mecanismos luchan por poder verdaderamente alcanzar los objetivos.

Entre estos mecanismos vinculados con los tratados, en primer lugar existen los órganos de supervisión de tratados; es decir, cada tratado tiene su propio órgano, creado por el [corte técnico en el audio]…

Les hablaba de los órganos de los tratados, que son los comités encargados de dar seguimiento a cómo los Estados implementan a nivel local, los compromisos que han asumido a partir de la ratificación de los tratados; pero además estos órganos tienen también facultades de recibir denuncias individuales por casos de violaciones graves de Derechos Humanos, relacionadas con los derechos que ese tratado protege y que ese órgano está encargado de supervisar su cumplimiento.

Sin embargo, esto solo es aplicable a aquellos Estados que ratifican los tratados de Derechos Humanos. En nuestra región de América Latina muchos de los países han ratificado muchos tratados; no es el caso en otras regiones del mundo. Entonces ahí tenemos unos mecanismos que solo están disponibles en aquellas circunstancias donde hay una voluntad política que permite que esos mecanismos se utilicen. Esto implica que el Estado no solamente tiene que haber ratificado el tratado sino que también reconocido la competencia de esos órganos, de esos comités, para tener esa función cuasijurisdiccional de examinar casos individuales. Por lo tanto, aquí tenemos una primera aclaración en términos de viabilidad y también de la importancia, como decía, de la voluntad política.

Por otra parte, las Naciones Unidas han seguido buscando, avanzando, para crear mecanismos que vayan más allá, justamente, y que enfrenten esa dificultad para los Estados que no han ratificado los tratados; y otros mecanismos complementarios representan oportunidades adicionales, y sobre todo para estos países, pues se trata de mecanismos que por sus mandatos generados por órganos políticos de la ONU, como el caso del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, que es un órgano de Estados, como el Consejo de Seguridad y como el Consejo Económico y Social, pero es el que se encarga del tema de Derechos Humanos.

Y estos mecanismos que están creados por el Consejo de Derechos Humanos pueden actuar independientemente de esas ratificaciones; en particular, me refiero a los llamados procedimientos especiales encarnados especialmente por relatores especiales y expertos independientes nombrados por el Consejo de Derechos Humanos, que sea en el ámbito temático como geográfico, aportan acciones para prevenir violaciones de Derechos Humanos y proteger a sus víctimas.

La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos también ha generado un mecanismo a la solicitud de los órganos de los tratados, de los comités que supervisan el cumplimiento de los tratados, trabajando en una metodología para la elaboración de indicadores de Derechos Humanos que permitan, justamente, para los Estados, medir no solamente su trabajo institucional sino como la gestión institucional a través de las políticas públicas de las instituciones, de las estrategias y programas, cómo eso impacta realmente en mejorar la situación y el acceso a los Derechos Humanos por parte de los distintos grupos de población.

Por ejemplo, en el tema que nos ocupa hoy, existe la metodología y el trabajo ya avanzado en indicadores de derecho a un juicio justo; particularmente México y Paraguay son los países que más han avanzado en la región, en la elaboración de estos indicadores; entonces creo que es importante también nombrarlos como una forma de poder medir esos avances, y eventualmente, retrocesos y dificultades.

Obviamente que paralelamente a estos mecanismos existen los mecanismos regionales, sobre los cuales ya hemos escuchado; así como otro mecanismo muy importante, que es el de la Corte Penal Internacional con competencia en crímenes contra la humanidad, crímenes de guerra y de agresión; que obviamente tienen una competencia diferente en la medida en que están enfocados a responsabilidades individuales de personas, mientras que los otros mecanismos se enfocan en responsabilidades institucionales. Es decir, son los Estados responsables, a través de sus funcionarios, pero no se identifican individualmente los responsables. Entonces esa es la diferencia de los dos mecanismos: mecanismos de Derechos Humanos Internacionales y estos mecanismos de Derecho Penal Internacional, que obviamente también es un mecanismo de Derechos Humanos pero que tiene una competencia bien delimitada y muy diferente.

Afortunadamente en nuestra región muchas cosas han cambiado, se han dejado atrás varias historias bastante preocupantes de regímenes dictatoriales que basaron su poder justamente en violaciones graves y sistemáticas de Derechos Humanos; sin embargo estos regímenes dejaron herencias y prácticas autoritarias, intolerancia, corrupción y bases estructurales sociales y estatales que perpetúan las desigualdades, la discriminación y la exclusión de muchas mujeres, hombres, niños y niñas en nuestras sociedades.

Adicionalmente hemos visto recientemente los esfuerzos avanzados en Colombia para lograr la paz, y esto podría representar sumarse al escenario de oportunidades de la región. Por otra parte, fuera de nuestro continente, en América del Norte y en Europa  asistimos a muchos retos en la conservación de principios que parecían ya arraigados y en el destierro de posiciones que parecían inimaginables tiempo atrás. Será difícil aumentar consistentemente la protección de los Derechos Humanos y la eficacia de los mecanismos de protección, tanto internacionales como nacionales, mientras no trabajemos paralelamente en la superación de la exclusión, la desigualdad y la discriminación.

Yo quisiera citar algunas palabras del alto comisionado, que ha pronunciado muy recientemente, justamente una de ellas en la Cumbre de las Naciones Unidas sobre Refugiados Inmigrantes; y preocupado por esta inconsistencia entre lo que es generar mecanismos que los propios Estados generan, jurídicos, para protección de los Derechos Humanos; y al mismo tiempo ir debilitando también en sus propios países los principios fundantes de esos mecanismos.

Al respecto, el alto comisionado advirtió recientemente del peligro de los populistas y demagogos, y cito: “que emplean medias verdades y simplificaciones excesivas; trazan un boceto de una imagen en la mente, de personas ansiosas, expuestas quizás a dificultades económicas y testigos, a través de los medios de comunicación, de los horrores del terrorismo; refuerzan esta imagen con algunas medias verdades aquí y allá, y permiten que los prejuicios naturales de la gente complete el resto. La fórmula es sencilla (continúa): lograr que la gente que ya está nerviosa se sienta peor, y luego hacer hincapié en que todo se debe a un grupo de personas, de extranjeros peligrosos, que se han introducido a la sociedad”.

Estamos viendo cómo hay esta inconsistencia. Muchas veces vemos desde aquí sin comprender los temores frente a los inmigrantes y a la no aceptación de la diversidad, que afecta a países como en Europa, por ejemplo.

Igualmente, cuando hablamos de inmigración nos preocupamos cómo tratan a nuestros nacionales en otros países; pero rara vez vemos la exclusión al interior de nuestras comunidades, que sufren personas y grupos en situación de vulnerabilidad o discriminación, niños y niñas, mujeres, pueblos indígenas, personas con discapacidad, personas en situación de pobreza, y pobreza extrema; y no los vemos porque no estamos dispuestos a transformar esa realidad, que implicaría modificar ese desequilibrio a través de una serie de sacrificios y compromisos, y la disminución de privilegios en ese desequilibrio.

Paralelamente se justifica la exclusión, porque de alguna manera hay un prejuicio también sobre el concepto mismo de Derechos Humanos; entonces ahí tenemos otro obstáculo. Por eso me gustaría hacer referencia a un informe de las Naciones Unidas, del secretario general de entonces, en el 2005, Kofi Annan, que se llamó: “Un concepto más amplio de la libertad”, que es un informe... el concepto más amplio de libertad sale, es un término, una frase extraída del preámbulo de la Carta de las Naciones Unidas, y que apela a una interpretación más profunda e integral de la libertad; que reconozca que el desarrollo, la seguridad y los derechos humanos, esos tres pilares de las Naciones Unidas, van de la mano y se fortalecen recíprocamente.

Y en este concepto de libertad me pregunto también en qué consiste la soberanía de un país y de un pueblo en el que sus habitantes no tienen esa libertades, un país en el que hay comunidades excluidas, en el que las políticas públicas no logran superar las dificultades y generar las condiciones para que sus integrantes puedan desarrollarse como personas y vivir dignamente. ¡Cuán libre y soberano es un país así! Podría agregar también la pregunta: ¿En qué consiste la soberanía en un mundo sobre globalizado?

Si antes hablaban un poco de la cuestión de la inmunidad; y acá hablamos de la soberanía también, como una contradicción de alguna manera, porque evidentemente sí, la soberanía es un principio que sigue vigente, por supuesto, pero al mismo tiempo con una mirada muy diferente.

Y cuando vemos la Cumbre de Naciones Unidas en 2005, que aprobó la resolución de la responsabilidad de proteger; se habla de que la soberanía ya no significa únicamente protección de los Estados frente a la injerencias extranjeras, sino que constituye una carga de responsabilidad que obliga a los Estados a responder del bienestar de su población; y creo que ahí también genera un gran… porque además, también, cuando hablamos y queremos que esos mecanismos jurídicos o de Naciones Unidas o de sistemas regionales, actúen frente a violaciones de derechos humanos, también muchas veces esos mecanismos se enfrentan a una mirada de la soberanía, que implica que habría una incompatibilidad entre el Derecho Internacional de los Derechos Humanos y la soberanía de los Estados; cuando no es así. Simplemente es una relectura de la soberanía.

Los derechos humanos son cruciales, entonces, para la seguridad y la prosperidad; pero muchas veces se ve que son obstáculos para la seguridad, son obstáculos para el desarrollo; se ve de una manera - una falacia verdaderamente, y entonces por eso en este informe de “Un concepto más amplio de la libertad” se alude a la libertad de vivir sin miseria, la libertad de vivir sin temor y la libertad de vivir con dignidad; o sea, sin miseria: desarrollo, sin temor: seguridad y paz, y con dignidad: con Derechos Humanos.

Entonces esa es la mirada que da el secretario general; y por eso, un poco (ya para terminar), la igualdad, dignidad, inclusión y participación son esenciales; y si no abordamos estos aspectos… Yo querría decir, obviamente, que cuando hablamos de nuestro continente, de América Latina, sigue siendo el más desigual del mundo, y en donde se terminan - se ubican también los países y ciudades más violentas.

No obstante, continuamos buscando las soluciones enfocados en las consecuencias y no en las causas y razones de los problemas y conflictos sin dar prioridad a combatir la desigualdad; entonces ahí tenemos una gran falacia. Según el latinobarómetro: la opinión pública de las sociedades latinoamericanas percibe con menor credibilidad la democracia; y reconocen la violencia, la corrupción y la desigualdad como los fenómenos que más debilitan la democracia. Y yo agregaría también, la impunidad, ¿no?, asociado al tema de la corrupción.

Es obvio que aun en la confusión de la gente, del desconocimiento, se están refiriendo a los derechos humanos; estos representan la solución y no el problema. Por eso quisiera concluir con una referencia al informe con el que comencé, en relación con un concepto más amplio de la libertad: No tendremos desarrollo sin seguridad, no tendremos seguridad sin desarrollo, y no tendremos ni seguridad ni desarrollo si no se respetan los Derechos Humanos.

Pero tampoco tendremos derechos humanos si no buscamos defender la dignidad, la inclusión y la participación, como dicen el lema de los nuevos ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible), para no dejar a nadie atrás.

Ese es el gran reto que tenemos, de realmente darle coherencia a los mecanismos jurídicos, aplicar estos mecanismos recordando que son complementarios y que el principal cambio viene desde los Estados, desde las propias comunidades. Los mecanismos internacionales son solo complementarios y responden a una serie de realidades donde pretenden contribuir a generar condiciones para proteger los derechos humanos; pero también hay un combate, digamos, que requiere ser dado en primer lugar a nivel nacional y a nivel de las comunidades, y respetando la diversidad también.

Muchas gracias.