Una invitación y tres ideas - Carlos Gustavo Patarroyo Gutiérrez

Una invitación y tres ideas - Carlos Gustavo Patarroyo Gutiérrez

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Decano de la Escuela de Ciencias Humanas

Universidad del Rosario

 

Muy buenas casi noches, a todos y a todas.

Empiezo (como me gusta empezar mis intervenciones) con una frase que aprendí de mi papá cuando era pequeño. Mi papá me contó que esa frase la había aprendido de mi abuelo; y mucho tiempo después, en mis estudios universitarios, descubrí que la frase realmente es del Quijote de la Mancha. Me gustaba más pensar que la frase era de mi abuelo; pero bueno, que sea del gran Cervantes, por supuesto, también le da un increíble mérito; y la frase es: “Es de bien nacido ser agradecido”.

Así que quiero empezar, a nombre del rector de la Universidad del Rosario, el Dr. José Manuel Restrepo Abondano; de la vicerrectora, la Dra. Stéphanie Lavaux; quienes se disculpan por no poder acompañarlos el día de hoy; ellos querían estar acá, pero infortunadamente están juntos en un reunión.

Agradeciendo esta gentil y cordial invitación a este evento tan interesante, y agradeciendo particularmente a los miembros de la mesa de honor, al Dr. William Soto, a la Dra. Hermelinda Alvarenga, la Dra. Carmen Payares, la Dra. Luci Bento, el Dr. Sergio Varela, el Dr. Camilo Montoya Reyes, el Ing. Iván Sarmiento; en particular también, a Janine Flores, a Diego Agudelo, a los demás organizadores del evento por esta oportunidad para compartir con ustedes lo que he querido llamar: “Una invitación y tres ideas.”

Voy a intentar ser muy breve, y si se dan cuenta, de pronto un poco “desparpajado”,  como suelo ser.

La invitación es esta, la invitación es algo que percibo de este evento, pero que también quiero extender de parte de la Universidad del Rosario.

La construcción de la paz no puede tener celos y no puede tener propiedades.

Todas las universidades, todas las instituciones de educación superior, o estamos o ‘deberíamos estar’ preocupados y con las manos en la masa, en la construcción de paz; y para eso no puede haber ni patentes, ni licencias, ni propiedades privadas.

Por eso asumo esta invitación como una invitación a compartir experiencias, conocimientos, y al mismo tiempo les extiendo una invitación, porque la Universidad del Rosario quiere también compartir con ustedes todo lo que podamos construir juntos y las pocas experiencias que tenemos para ofrecerles.

Y eso me lleva a las tres ideas; las tres ideas están íntimamente relacionadas entre sí; pueden llamarse tres ideas, pueden llamarse tres experiencias... no he querido llamarlas de ninguna otra manera, porque son cosas muy particulares, no puedo generalizarlas aún; pero de todas maneras me parece que es digno que sean compartidas.

La primera de ellas tiene que ver con la relación entre los medios y los fines, en nuestros programas académicos de educación superior.

Después de una cierta investigación (y estoy bastante de acuerdo con la Dra. Luci Bento cuando habla de los criterios para calidad académica de nuestros programas) empezamos nosotros a mirar - hemos tenido la oportunidad de mirar, una grandísima cantidad de documentos para acreditación de alta calidad de distintos programas académicos, de distintas universidades, de la nuestra propia también.

Hemos sido, tanto pares evaluadores de estos documentos como pares amigos que ayudan a la construcción de los mismos; y es sorprendente la cantidad de veces que aparece en estos documentos algo que sería, no una inversión, pero sí una tergiversación de la relación entre medios y fines.

Es bastante común ver que en estos documentos los programas académicos aparecen como teniendo el fin de profesionalizar a los estudiantes; entonces, se es psicólogo para ser psicólogo, se es filósofo para ser filósofo, o se estudia Ingeniería para ser ingeniero; y se pierde algo que mencionaba la Dra. Luci Bento, que es lo fundamental, y es: todos estos son medios y no fines, son medios para un fin. La pregunta es: ¿Cuál es ese fin? Y es un fin en este caso compartido, y es el fin de la contribución al bienestar social.

Todas las carreras —independientemente cuáles ellas sean— deben tener como fin último, tal vez no único (por supuesto, hay muchos fines intermedios, pero como fin último), la construcción del bienestar social a través de los valores, a través de la paz, de muchísimas otras maneras.

Y cuando uno se da cuenta de que ese debe ser el fin, y revisa el documento y revisa el plan de estudios a la luz de ese fin, es increíble (al menos eso es lo que nos ha pasado a nosotros), cómo el plan de estudios grita ser cambiado, ser modificado; y empiezan a aparecer cosas bastante interesantes; lo cual me lleva a la segunda idea o a la segunda experiencia.

Por ejemplo, cuando esto se hace en todas las disciplinas, entonces la brecha (para mí, esta dicotomía un tanto ficticia) entre, por ejemplo: las ciencias humanas y las ciencias naturales, se cierra o se borra.

Los programas de ciencias naturales, las ingenierías, toda esa cantidad de programas que parecen en principio tan lejanos a las Humanidades, empiezan a clamar participación de las Humanidades en la construcción de sus propios currículos; y una participación que es mucho más permanente, mucho más profunda que este saludo a la bandera que de vez en cuando tienen algunos programas, que es una clase de ética por aquí (a principio del primer semestre o algo por estilo), y de pronto alguna cátedra de valores por allá más adelante.

Empiezan a pedir, y hemos tenido que construir nosotros, cátedras transversales, de ética transversal en los distintos programas; que no son entonces seminarios de ética (donde en un semestre uno despacha cualquier cantidad de teorías éticas y los estudiantes verán qué hacen con eso), sino más bien un trabajo conjunto de un Centro de Ética con los profesores de las distintas carreras de los distintos programas, para ver cuáles son las reflexiones éticas que ese programa tiene, que el ejercicio de esa profesión propicia; cuáles son los dilemas (si es que los hay); cuáles son los valores que se pueden estar formando ahí; cuáles son los necesarios en ese caso.

Entonces, esta brecha entre Ciencias Humanas y otras ciencias más específicas (llámense Naturales, por ejemplo), parece cerrarse, y se permite una colaboración muchísimo, muchísimo más profunda. Y esto me lleva a la tercera idea.

La tercera idea no está tan íntimamente relacionada con las otras dos como pareciera (pero le voy a hacer un pocotón de fuerza); es esta:

En muchas ocasiones cuando se piensa entonces en la formación de valores y en la formación de otro tipo de competencias, y se piensa en la relación que puede tener esto con las Humanidades: se piensa mucho en el papel del arte.

Yo soy un estudioso y apasionado de varios temas; entre ellos, algo que se conoce como la educación estética; y hay varias maneras de entender este tipo de educación.

Si uno mira, por ejemplo, el documento este que sacó el Ministerio de Educación Nacional, titulado: “Orientaciones Pedagógicas para la Educación Artística en Básica y Media”, uno ve un documento bastante interesante, que propone a los distintos colegios unos lineamientos de un tipo de actividades artísticas que tienen como pretensión el desarrollo de ciertas competencias que (y ahí es donde el documento tal vez flaquea un poco), que parece que propician el desarrollo de competencias muchos más complejas posteriormente.

Cuando uno mira el documento —muy interesante— que sacó la OECD, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, en diciembre del 2013, titulado: Art for Art’s Sake? The Impact of Arts Education; ese documento, que es un estudio muy juicioso de ese tipo de educación para competencias, muestra que ese tipo de competencias del arte difícilmente es transferible a otro tipo de competencias más específicas de otras profesiones; es decir, que si uno quiere enseñar la apreciación geométrica a través de la danza, muy probablemente va a tener mejores resultados enseñando geometría.

Pero no todo es desalentador; lo que es curioso, que muestra ese documento, es que sí hay a través del arte una capacidad de formación de otro tipo de competencias, que llaman ellos “competencias sociales”; que para nuestro caso son fundamentales, son importantísimas.

Y entonces hago un breve paréntesis histórico. Yo soy filósofo de profesión (se va a notar dentro de poco). Porque la otra manera de entender este tipo de educación no artística sino estética, viene de un debate muy interesante de la filosofía moderna; y es un debate que nosotros en este momento queremos rescatar y ver qué podemos hacer con él.

El debate es entre el gran filósofo Immanuel Kant, quien cuando forma su teoría moral, y sobre todo en este libro fantástico que se llama La fundamentación de la metafísica de las costumbres, propone una ética netamente racional.

Para Kant, la pureza racional era lo que debía guiar las acciones morales de los individuos; y cualquier cosa que viniera teñida de sensibilidad, de pasión, de emoción, dañaba precisamente esa pureza racional.

Kant sentía entonces que... aceptaba que somos —como lo decía Aristóteles— animales racionales; tenemos una mitad pasional, una mitad sentimental y una mitad racional; pero sentía de alguna manera que esta mitad racional debía dominar, doblegar, esclavizar esta mitad pasional. Que solo cuando el hombre actúa guiado por la razón es verdaderamente libre; de lo contrario, actúa como un animal; y que los animales no actúan libremente, actúan gobernados, cegados por el instinto, si se quiere decir así.

La teoría de Kant es fantástica, es hermosa; yo soy un admirador increíble de Kant. Pero aparece poco tiempo después un filósofo, dramaturgo, médico, poeta, también fantástico, se llama Friedrich Schiller. Y la crítica que le hace Schiller a Kant es una crítica muy interesante, porque Schiller le dice: “Señor Kant, me parece fantástica su teoría; pero yo no puedo entender cómo usted llama a un ser humano que tiene la mitad de su naturaleza esclavizada por la otra mitad, no entiendo usted cómo lo llama ‘libre’, eso no puede ser libre”.

¿Cuál sería entonces la libertad? La libertad debería ser: pues eduquemos a esa otra mitad pasional, sentimental, para que quiera lo que la razón manda; de esa manera no tiene que haber imposición de la una sobre la otra, hay esa armonía; y cuando está esa armonía, hay verdadera libertad.

Schiller propone ese tipo de educación, ya que la educación de la razón se da a través de la argumentación y la lógica; propone que este tipo de educación la tiene que dar el arte; porque el arte apela directamente a la pasión y al sentimiento; y a esto lo llama: “El proyecto de la educación estética”, que está consignado en un hermoso libro que se llama Las cartas para la educación estética del hombre.

Y Schiller dice que esto no es para nada fácil, por eso lo llama también (por allá en la carta sexta) “un proyecto para más de un siglo”; es algo que se tiene que hacer con muchísimo cuidado y con muchísima paciencia.

Es así como nosotros queremos concebir la verdadera educación estética de los seres humanos; queremos ver cómo el arte en distintas formas... y el documento de la OECD muestra, por ejemplo, que el teatro es una excelente manera de desarrollar cierto tipo de competencias; competencias de reconocimiento, competencias de ponerse en los zapatos del otro, de identificarse con distintos personajes de la obra teatral que uno está viendo; y que eso (creemos nosotros), a la larga ayudará a la formación de unos sentimientos morales que son muy importantes a la hora de hablar de la construcción de paz.

No basta, entonces, con tener cátedras teóricas que nos muestren lo importante que es construir paz; yo creo que todos sabemos lo importante que es construir paz. El problema está precisamente, en que tal vez esta parte sentimental que nos llama al egoísmo, que nos llama a la invisibilización de las necesidades del otro, esa parte no está siendo educada.

A eso le queremos apostar nosotros muy fuertemente con la creación de una Escuela de Reconocimiento y Formación de Sentimientos Morales a través del Arte. Es un proyecto que está en construcción, pero que (como les dije) esto es una invitación, queremos compartir con ustedes, y ojalá todos ustedes nos ayuden en esta construcción y podamos aprender todos conjuntamente.

Así que a nombre de la Universidad del Rosario, nuevamente muchísimas, muchísimas gracias a todos ustedes. Y estaremos más que dispuestos a entablar todos los lazos de cooperación y amistad que este espacio nos permite.

Muchas gracias.