"Respuestas válidas ante la Atrocidad Genocida" - Camilo Montoya Real
Primer Foro Judicial Internacional - Camilo Montoya Real

"Respuestas válidas ante la Atrocidad Genocida" - Camilo Montoya Real

FORO JUDICIAL INTERNACIONAL

“Nuevas Propuestas para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio”

 

Auditorio Benjamín Herrera

Universidad Libre

Bogotá D.C., Colombia

 

Lunes, 22 de septiembre de 2014

 

Camilo Montoya Real

Representante Estudiantil - Facultad de Derecho - U. Andes

Colombia

 

"Respuestas válidas ante la atrocidad genocida"

 

Muy buenos días, es para mí muy placentero poder compartir con ustedes este espacio.

   Quiero en primera medida agradecer a los organizadores de este Foro, por haber abierto este espacio tan importante para que diferentes posturas puedan exponer sus puntos de vistas.

   En ese sentido, mi ponencia se titula o la he titulado: “Respuestas válidas ante la atrocidad genocida.”

   …Me planteé una pregunta y era… y responde a esta inquietud que tengo sobre cómo poder mapear estas diferentes respuestas que ya se han generado a través de la historia, y a través de todo este proceso de reflexión; que una causa tan impactante como la atrocidad genocida tuvo y ha tenido.

   En ese sentido la estructura que tendrá esta ponencia se compone de tres partes:

   En la primera pretendo contextualizar sobre el Marco Conceptual que subyace a lo que plantearé y desarrollaré en la segunda y tercera parte. Me referiré a cada uno de los conceptos que componen el título que he elegido para esta ocasión.

   La segunda parte, donde pretendo darle respuesta a la cuestión que es transversal en la ponencia, se divide a su vez en dos secciones: En la primera expondré las premisas que condicionarían la extensión del campo que contendría a todas las diferentes respuestas válidas posibles. En la segunda sección enunciaré y desarrollaré sucintamente algunos aspectos que considero relevantes, de seis respuestas válidas, ante la atrocidad genocida.

   En la tercera y última parte es mi intención presentar un ejemplo que servirá de evidencia, en cuanto lleva consigo algunos elementos que realizan diferentes planteamientos que habrán sido parte de la exposición que ahora comienza.

   Con respecto al marco de mi ponencia, ustedes pueden ver que consta de cuatro conceptos. Es así que los cuatros límites serán el concepto de: “respuesta”, “validez”, “atrocidad” y “genocidio”.

   ¿Qué es una “respuesta”? Considero que ésta tiene que ver con la dicotomía entre “causa y efecto”. Una respuesta es una reacción ante algo, el efecto que surge cuando hay una causa que lo produce. Pero a las respuestas a las que me referiré no son de cualquier tipo; éstas se enmarcan en un contexto histórico donde los acontecimientos pasados hacen parte de las variables que condicionan el presente y el futuro.

   Uno podría concebir el movimiento histórico como un movimiento pendular, un movimiento cuya fuerza alcanzará el otro extremo si no es detenida o contrapuesta por una respuesta con fuerza de similar magnitud. El tipo de respuestas que quieren “detener” ese movimiento pendular es al que me referiré.

   Claro está que éstas requieren un aprendizaje propio del dinamismo de la condición humana y la presencia de lo que se podría denominar como una ‘acción humana responsable’; es decir, que sea un objeto idóneo para la eventual atribución de responsabilidad; y por lo tanto, deben concurrir en estas respuestas: la voluntad, en el campo de lo que se quiere, y la decisión, en el campo de lo que se hace.

   El concepto de “validez”, por su parte, es un concepto revolucionario según el  contexto en el cual se le establezca. Será revolucionario, por ejemplo, ahí donde las bases mismas necesarias para cualquier desarrollo de un eventual contenido, no se encuentren consolidadas. Este tiene origen en la lógica, esa ciencia que ha asombrado a los más grandes filósofos y pensadores occidentales como Kant, y que hasta no hace mucho se concebía como en su punto más alto de desarrollo.

   Dos cosas me gustaría señalar: La primera es que la lógica representa una herramienta tal, que le permite a su empleador decir algo relevante de lo que analiza, con independencia al contenido mismo de su objeto de análisis. Es así, para poner un ejemplo, como yo, si empleo la lógica, puedo hablar con el físico, conocer su argumento, y sin conocer nada profundo sobre la física misma, puedo decir algo relevante sobre éste; por ejemplo, señalar si el físico en su argumento está incurriendo en una falacia o no.

   La segunda es el hecho que el método lógico da campo para que el interlocutor no pretenda exponer qué es lo que él sostiene, sino que más bien se esfuerce por entender qué es lo que el otro plantea; su razonamiento expresado en su argumento; y por lo tanto, lo que de sus premisas y conclusión se podría derivar.

   Este método es famoso por Sócrates, el cual se autoreconocía a sí mismo como un “tábano” (tábano es una mosca que molesta mucho a los caballos, y la picadura duele hartísimo, según me cuentan), y lo era en tanto que fue capaz de mostrar lo más insoportable para el ser humano: sus propias incoherencias.

   Asimismo, cabría subrayar que esa capacidad de entender las premisas y analizar las consecuencias que de éstas se derivan, tiene un carácter terapéutico, ya que ayuda a resolver esos nudos, de los cuales muchas veces no se puede hablar directamente y que sólo se logrará, por ejemplo, a través del método del silogismo disyuntivo.

   He aquí una interesante herramienta en contextos postatrocidades, como por ejemplo el que va a empezar a vivir Colombia en esta etapa que se abre —ojalá sea así— del posconflicto.

   Quiero ahora señalar cuatro elementos que considero necesarios para el cabal entendimiento, en lo que se requiere al propósito de esta ponencia, del concepto de “validez”.

   El primero parte de la definición de argumento, que supondría una finitud de enunciados, en los cuales unos fungen como premisas, y otro singular funge como conclusión.

   La lógica, a través de su concepto de validez, permite precisamente analizar la preservación de la coherencia del argumento; es decir, que supuesta la veracidad de sus premisas sea imposible la falsedad de la conclusión.

   El segundo elemento, que tiene implicaciones muy importantes en todo el actuar racional del ser humano, es la conciencia, que en determinados asuntos humanos puede llegar a hacer viables conclusiones contradictorias que mantengan el mismo grado de validez.

   Considero que la elección entre las diferentes conclusiones, igualmente válidas pero contradictorias, hace parte de lo político, propio del ser humano y relativo a su capacidad de elegir. Sin embargo, este segundo aspecto no podría deslindarse de un tercero, que impide caer en un relativismo absoluto, que termina siendo vácuo.

   Y es que afirmar la validez de algo presupone que otras cosas no lo serán. Se dirá entonces, que lo razonable, por ejemplo, es un primer filtro; teniendo en cuenta, claro está, las limitaciones, en tanto que se habla de la razón humana, la cual ha sido objeto de críticas como la de Rousseau, al decir —casi que premonitoriamente con respecto al Holocausto— que la sola razón nos llevaría a una condición monstruosa.

   Asimismo, se podría decir que la experiencia histórica misma representará un avance en cuanto a las premisas y los supuestos que determinarán qué conclusiones dejarán de ser válidas.

   Esto me lleva a anunciar el cuarto aspecto, que tiene que ver con el carácter dinámico del razonamiento humano, el cual esta sometido a la adquisición o eliminación de premisas, es decir, sus verdades supuestas, según el avance histórico humano en materias de naturaleza inductiva o deductiva.

   Es por ello tan importante ser conscientes de que, por una parte, lo que fue válido ayer, puede que hoy o mañana ya no lo sea; como por otra parte, de que siempre se debe contemplar la eventualidad en la que uno esté equivocado.

   Con respecto al tercer concepto, el de “atrocidad”, considero que lo relevante es señalar que este consiste en ser una injusticia a gran escala. Su naturaleza es derivada, y no algo en sí mismo; es decir, que su verdadera causa son los principios de los que parte, y que desafortunadamente muchas veces se esconden bajo el velo de la cotidianidad.

   He ahí una de las más grandes virtudes de la lógica, y es la capacidad y el propósito de volver explícito lo implícito, o silenciado, ya sea voluntaria o involuntariamente.

   Un ejemplo de esos principios que a gran escala equivalen a masacres (por la intensidad de su injusticia), es el ignorar o suprimir la validez en la conclusión o el argumento mismo del ‘otro’, la supresión de su diversidad. Ello puede tener diferentes vías, como la tergiversación, que consiste en la modificación del alcance de la postura del ‘otro’, ya sea por medio de la ampliación o la reducción del alcance del planteamiento.

   Lo otro que cabría subrayar y reconocer aquí mismo, es el ‘placer’ (entre unas comillas muy grandes) que aparenta producir un estado o la ejecución de una atrocidad. Un placer descrito de manera muy bella y concisa por Estanislao Zuleta cuando concluye que “la guerra es fiesta”; y que Aristóteles…, y un placer que Aristóteles denuncia en el libro décimo de la Ética para Nicómaco, cuando concluye que no es ‘verdadero’ el placer que sienten los enfermos, o el que sienten los que tienen el órgano (en toda esta filosofía aristotélica), el órgano atrofiado, bajo los efectos inhibitorios que impidan su correcto funcionamiento o sin desarrollar de manera suficiente; así éstos lo sientan así efectivamente, y actúan en consecuencia.

   Tenemos que tener claro que la ejecución, muchas veces aquellos que perpetran atrocidades sienten de cierta forma un placer, y la crítica de Aristóteles es muy relevante cuando uno empieza a estudiar ese tipo de fenómenos.

   El cuarto elemento, el “genocidio”, se desarrollará de manera suficiente y a profundidad, en el transcurso de este tan importante foro. El análisis de este delito, que algunos han llamado —teniendo en cuenta su dimensión simbólico-política— como el “delito de los delitos”, permitirá observar y reaccionar ante aspectos que a gran escala se ven con mayor claridad.

   Reacciones y respuestas que gracias a la vinculación del concepto de genocidio con el de atrocidad, permitirán ser transpolados a campos de menor envergadura pero que materializan los mismos principios; campos como el de la cotidianidad de la vida estudiantil, que es en el que yo me muevo actualmente.

   Entro ahora a desarrollar la segunda parte de mi ponencia. Ésta tiene que ver directamente con las respuestas válidas ante la atrocidad genocida. Dos aclaraciones son pertinentes antes de entrar en materia. La primera es que los seis ejemplos de respuestas válidas se plantean como una lista meramente enunciativa y no taxativa. La segunda tiene que ver con las premisas que señalo en la primera sección de esta segunda parte; y ello es que le aplican los mismos criterios ya enunciados en el marco, como por ejemplo de la conciencia del eventual equívoco, y del carácter dinámico de las premisas humanas.

   Teniendo en cuenta lo anterior, en esta primera sección se podrían distinguir dos tipos de premisas: por una parte estarían las históricas, que habrían sido establecidas de manera inductiva; y por otro lado estarían las lógicas, que serían intrínsecas al sistema mismo. Aunque algunas serán desarrolladas más adelante, me interesa primero señalar cuatro del grupo de las históricas.

   La primera tiene que ver con el carácter humano, que es a su vez imperfecto pero perfectible. Gracias a su imperfección, es que en el campo de lo válido eventualmente podrán coexistir conclusiones contradictorias, ya se manifiesten éstas en respuestas como las que aquí se expondrán, etc.

   En cuanto a su carácter perfectible, cabe recordar el carácter dinámico (aludido con anterioridad) en el cual siempre habrá una lección dentro de los campos de posibilidad, que si bien con respecto a los factores externos siempre estarán condicionados, nunca están absolutamente determinados.

   Este avance propio de la razón y la experiencia, es algo constructivo, que así implique el derrumbe de una creencia, eso ya es por lo menos un avance, al mostrar qué no es ni podrá ser.

   Lo segundo es la necesidad de presuponer la razonabilidad y la buena fe del otro, o por lo menos la ausencia de una malicia primigenia.

   Considero que es mejor desvirtuar supuestos que van en pro de garantías, consagradas gracias a procesos históricos; que cometer algún tipo de injusticia u exceso frente a los ‘inocentes’, o como se le deba llamar, según corresponda.

   Lo tercero: tiene que ver con el esfuerzo que siempre debe primar por la no perpetuación de la violencia; este esfuerzo implica alcanzar una conciencia sobre el riesgo que lleva cualquier respuesta de carácter violento; así sea, por ejemplo, en el contexto de la legítima defensa.

   Por último, ya es presupuesto de manera cuasi-unánime, la  reprochabilidad que les corresponde a las actitudes pasivas o con conniventes frente a la injusticia. En cuanto a las premisas lógicas, el principio de no contradicción y el concepto de validez son ya conocidos. El primero, por obvio, en tanto que sería absurdo pensar que algo y su negación son al mismo tiempo y de la misma manera; y el segundo en tanto que ya fue desarrollado en el marco de la ponencia.

   La primera respuesta ante la atrocidad genocida que expondré, guarda un carácter muy especial, puesto que se podría señalar que sus planteamientos deberían ser transversales a cualquier respuesta que se formule; sin embargo, es necesario subrayar su carácter necesariamente bilateral impide que sea una de las más factibles de lograr en contextos reactivos a las atrocidades; y por ello, ésta se limitaría a contextos preventivos y reactivos sólo en cuanto a las primeras etapas de consolidación contextual, que posibilitan la comisión de una atrocidad genocida.

   Me gustaría aquí retomar las palabras del profesor Rafecas, en cuanto a esta metáfora que él utiliza sobre la pavimentación que permite la comisión de una atrocidad, como lo es el genocidio. Me refiero al diálogo.

   El diálogo parte de la desigualdad relativa que le es propia a una pluralidad de individuos que se encuentran en una misma comunidad. Desde un principio se tiene claro que esa desigualdad puede derivar en dos consecuencias: o en un conflicto, que significa el rompimiento o la negación de la relación y su propósito, o en un enriquecimiento, cuyo sinónimo sería la complementación.

   El diálogo es entonces una herramienta que permite que la diferencia derive en enriquecimiento y no en conflicto. Por eso se dice que el sostener el diálogo lleva por definición el reconocimiento de un otro, cosa contraria a lo que sucede en el genocidio.

   Ésta parte de cuatro principios como mínimo. El primero es que se ha de suponer que este otro no está ni loco ni es un monstruo; esto quiere decir que el otro en su razonamiento planteó o adquirió unas premisas que lo llevaron a esa conclusión, y que este razonamiento no está guiado por una malicia para hacer daño o causar dolor por sí mismo.

   De ello se derivan el segundo y el tercer principio; y es que es necesario hacer un esfuerzo, por una parte, por hacerse entender por el otro, ya que si éste no es un monstruo, éste podrá comprender la eventual bondad de mi postura; y por otra parte, por entender al otro y su postura, lo cual se deriva que no partimos de su irracionalidad.

    Pueden ver así cómo el cuarto y último principio surge, y es que si me esfuerzo por entender al otro es porque acepto la eventualidad en la que me dé cuenta que ese otro y su planteamiento tengan una fuerza argumentativa mayor a la mía, y por ende, que yo esté equivocado.

   La segunda respuesta tiene que ver con uno de los procesos históricos más interesantes y que se remontan a la Grecia antigua.

   La desobediencia civil es planteada entonces, según los planteamientos del profesor Javier de Lucás, como una alternativa que ha existido desde que cualquier forma de gobierno y de derecho existen. Me interesa señalar que el elemento diferenciador fundamental entre esta respuesta y la que ha de seguir, es el objetivo y fundamento de su crítica.

   Acá se cuestionan los fundamentos mismos del orden social de determinada sociedad. Ya existen evidencias históricas que muestran con claridad y coherencia sus características, como por ejemplo que ésta lleva un rechazo férreo frente al empleo de la violencia, es decir, al daño o la destrucción de bienes socialmente relevantes; y la necesidad de su carácter público, ya que su actuar es una apelación de la opinión pública para que cuestione esas premisas fundamentales que supone como verdaderas; por ejemplo, la legitimidad misma de determinada forma de gobierno.

   La tercera respuesta, a diferencia de la anterior, cuestiona el desarrollo mismo de esos fundamentos que se aceptan como premisas supuestas; es decir, las conclusiones derivadas. La acción civil directa no violenta, expuesta de la manera reveladora en la conferencia que el Dr. Martin Luther King (junior), dio frente a la comunidad judía norteamericana, es una herramienta que revela las contradicciones de los presupuestos fundamentales con los eventuales desarrollos específicos de los mismos.

   Asimismo, la no violencia es llevada más allá al exponer que no se trata sólo de violencia externa física, sino también de violencia interna; es decir que el otro no debe ser objeto de agresión, pero que también hay que hacer un esfuerzo porque no se convierta en objeto de odio.

   Tal vez aquí se enmarque, o de aqui se inspire, lo que el profesor, ex alcalde y ex candidato presidencial, Antanas Mockus exponía como “resistencia civil”, una reacción ante lo que él denominó el “brinco pavoroso”, que tuvo lugar en los 80 y que significó que la curva de homicidios pasara de 8.000 a 20.000 muertes por año.

   Sería importante analizar, tal vez en otra ocasión, el diálogo sostenido entre Malcom X y Martin Luther King Jr., donde el primero defiende ese derecho a la respuesta frente a la atrocidad, así ésta signifique el empleo de la violencia; y de la misma manera, critica esa creencia ilimitada en las victorias discursivas o meramente legales.

   Esto último me permite señalar el punto que me interesa con respecto a la cuarta respuesta. Esta es el planteamiento legal.

   Planteamientos y respuestas expresadas, por ejemplo, en las Convenciones internacionales que son objeto de varias de las ponencias de hoy, y cuya aproximación a éstas deben ser como hacia un requisito sine qua non, pero siempre teniendo en claro su carácter de insuficiencia.

   Aquí valdría la pena rememorar la conferencia de Foucault, en la que alude a lo que significa la ilustración para Kant; es decir, es ese constante esfuerzo propio de una actitud crítica, por ser consciente de los eventuales límites, riesgos y beneficios que este tipo de respuestas tiene.

   La quinta respuesta tiene que ver con el papel al que está llamado a cumplir el movimiento estudiantil.

   Para mí es claro, gracias a mi propia experiencia y a los relatos de los que he sido atento oyente, que en el pasado reciente de nuestra historia hubo un miedo y una estigmatización frente al tipo de respuestas que implicaba la movilización social, sea ésta de cualquier tipo. Sin embargo, hoy vengo aca a señalar cinco dinámicas esperanzadoras, en las cuales he participado de manera directa o indirecta.

   La primera tiene que ver con un suceso de la semana pasada: La Universidad de Los Andes, caracterizada por su insularidad y el estatus económico-social de sus estudiantes, por primera vez desde que se establecieron los torniquetes como barrera de entrada, a petición del Consejo Estudiantil Uniandino (organismo del cual hago parte), accedió a bajarlos. Un acto simbólico que tiene como propósito empezar a cultivar esa capacidad de confiar en el otro.

   El segundo es la conformación de un grupo de poesía y teatro a nivel de la universidad, que se plantea como propósito el realizar manifestaciones directas que causen impresión y sorpresa, que rompan el silencio propio de la monotonía académica y que trascienda el limitado espacio del salón, e incursione en los espacios de las zonas comunes.

   La tercera es una distinción que desde el Consejo Estudiantil de la Facultad de Derecho queremos establecer entre el arte urbano y el vandalismo; ya que es nuestra intención establecer programas para que los estudiantes de Derecho empiecen a abandonar la pobreza que significa limitar su vida estudiantil a lo académico, a la memorización o al estudio sin vivencia de las normas.

   La cuarta tiene que ver con el clamor de la juventud porque su voz sea oída; clamor que se expresa, por ejemplo, en el movimiento de recolecta de firmas para la solicitud de una audiencia en La Habana, en el marco del Proceso de Paz.

   La quinta y última tiene que ver con la organización de la Jornada Integral sobre el Conflicto Palestino-Israelí, donde nuestro propósito básico fue lograr la integralidad; ya que partimos de la base de que eso es lo que determina el verdadero avance.

   Esto, puesto que la integralidad supone lograr agregar una mayor cantidad de premisas al razonamiento, fue por eso que esta jornada tuvo cinco espacios que le dio su respectivo lugar a las aproximaciones artística, política, pedagógica, académica y cine-documental de este y hacia este conflicto.

   Entonces, ya me han solicitado que concluya, entonces procedo a concluir.

   Para terminar esta tercera parte queiro proveerlos de un ejemplo que creo que sirve como evidencia de que la sociedad colombiana, su juventud, hoy está consolidando mecanismos que sirvan eventualmente como respuesta para la prevención y censura de atrocidades o contextos genocidas.

   Esta evidencia es la propuesta aprobada este semestre por la Universidad de Los Andes y que se denomina la “Mesa Interpartidista.” Este es un espacio donde las juventudes de todos los partidos y movimientos políticos, por ejemplo, el partido del Centro Democrático con el Movimiento Marcha Patriótica, se reúnen y aceptan a ese ‘otro’ diferente, que sostiene planteamientos cuyo contenido es diverso y acuerdan un marco que les permite ver la validez en esos planteamientos del otro, y actuar en consecuencia; es decir, actuar de manera conjunta.

   Asimismo, esta mesa es una expresión del sentimiento estudiantil por volver a incursionar en lo público. Sabemos que lo político y lo jurídico es muy relevante, y por eso hemos visto y reflexionado sobre la estigmatización  que hubo en épocas pasadas, para así proponer en el presente estos temas a través de mecanismos innovadores, como por ejemplo, los performances artísticos, que tienen una clara proyección hacia al futuro; lo que es propio de la juventud que se preocupa por lograr un avance en aras de la materialización del bien común.

   Considero, entonces, que hay suficientes respuestas válidas hoy en día para que nosotros como juventud que hace parte de una comunidad, no huyamos de la responsabilidad que yace sobre nuestros hombros, por no volver a permitir que atrocidades genocidas vuelvan a cometer.

   Agradezco de nuevo la apertura de espacios como éste, donde las diferentes voces y posturas pueden tener lugar.

   Muchísimas gracias.