La importancia de los valores en la enseñanza del Derecho - Camilo Montoya Reyes

La importancia de los valores en la enseñanza del Derecho - Camilo Montoya Reyes

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Muy buenas tardes para todos. Mi gratitud con el señor embajador mundial de la paz, Dr. William Soto Santiago, por extenderme la invitación a este evento tan interesante que es en gran medida académico; también mi agradecimiento a la secretaria pro tempore de la Alianza Internacional Universitaria por la Paz, la Dra. Hermelinda Ortega; Directiva de la Universidad Nihon Gakko; y también a la directora de la Embajada Mundial de Activistas por la Paz, la Lcda. Gabriela Lara; al Ing. Iván Sarmiento, coordinador de la Embajada Mundial de Activistas por la Paz aquí en la bella Colombia; y a los miembros de la mesa, mi saludo respetuoso también; y a todos y cada uno de ustedes, Activistas por la Paz todos ¿verdad? Bien.

Entonces, el tema que se me ha asignado es el de “La importancia de los valores en la enseñanza del Derecho”.

Y quiero abordar el tema (a pesar de la brevedad del tiempo) formulándonos una pregunta acerca del título de este evento: “Los Valores en el Desarrollo de Competencias Profesionales”, así se titula este II Seminario Internacional. El primero lo llevamos a cabo en Asunción, Paraguay.

“Valores en el Desarrollo de Competencias Profesionales”. Noten una cosa, que las competencias profesionales siempre serán importantes; es decir, el conocimiento se imparte para algo y se enseña algo. Bien sea un profesor de Medicina, bien sea un profesor de Contaduría, un profesor de Comunicación Social (que forma comunicadores y periodistas), un profesor de Derecho, debe formar personas competentes. ¿Y cómo las formo? Transmitiendo conocimientos.

Sin embargo, este Seminario tiene un trasfondo y es una plataforma sobre la cual se deben edificar los conocimientos; y esa plataforma son los valores. Por eso afirmo que los conocimientos, curiosamente, es lo que primero se mira.

A las universidades se acreditan cotejando la cantidad de conocimiento que imparten, a las universidades se les valora cotejando los resultados que sus estudiantes obtienen en las diferentes evaluaciones que realiza el Gobierno y que realizan las instituciones educativas que controlan la educación y los medidores de los factores de educación a nivel internacional. A las universidades se les evalúa evaluando a sus docentes, y a los docentes se les evalúa de cara al conocimiento que imparten, a la precisión de los conocimientos; y el docente evalúa al estudiante de acuerdo a la precisión y a la cantidad de conocimientos; pero debemos repensar ese procedimiento clásico, y ese es el llamado que hace el señor embajador mundial de la paz.

Si el conocimiento no es un fin en sí mismo, el conocimiento no puede ser un fin en sí mismo, el fin es el hombre; el conocimiento es un medio para lograr algo. Si yo enseño Derecho, si es que se puede enseñar, si se instruye en Derecho, se instruye para algo y se instruye a un ser humano para algo; es decir, una primera conclusión sería que el conocimiento no es un fin en sí mismo, sino una herramienta, es un mecanismo, es un medio.

Así como en el Estado de Derecho el hombre no es un instrumento sino un medio, no es un instrumento, no es un medio (perdón), es un fin en sí mismo (ese es el antropocentrismo), tenemos que trasladar ese antropocentrismo a la educación; y lo más importante en todo proceso educativo debe ser el ser humano.

Y si convierto la educación, entonces, y el conocimiento en un medio, la evaluación de la cantidad de conocimiento, la comprensión, la utilización inmediata del conocimiento, no será lo que prime.

La utilización inmediata de un conocimiento, pues lleva al estudiante, por ejemplo, de Derecho (que es mi área), a resolver un caso; y yo podría decir: “¡Que estudiante tan competente! Resolvió un caso de una agresión sexual contra una menor de 14 años cometida por un joven de 19 años; y lo resolvió diciendo que el joven de 19 años tiene que ir a prisión porque atentó contra la menor”.

Es un estudiante competente, aplicó la norma del Código Penal, sabe adelantar la audiencia, sabe alegar ante el juez, sabe persuadir al juez; pero se le pudo pasar algo por alto: que por ejemplo no evidenció que ese joven de 19 años tiene una relación con esa menor y que de esa relación nació un bebé, y que hoy ese niño pregunta por su padre, y que antes que enviar a ese joven* a prisión importa el principio pro infans: los derechos del niño, el derecho a la familia; y que en ese caso, el resolver el caso con tanta competencia podría destruir un hogar recién conformado.

Solo ese es un ejemplo, un mero ejemplo para examinar la necesidad del llamado que hace el Dr. William Soto a humanizar la educación. Hay que humanizar la enseñanza del Derecho, la enseñanza de la Medicina, la enseñanza de la Contaduría, porque el Derecho no son normas.

Herbert Hart, un autor clásico en el Derecho, en su obra cumbre: El concepto de Derecho, llegó a la conclusión de que el Derecho eran normas.

Posteriormente Ronald Dworkin lo refutó, con respeto, diciendo que el Derecho no eran sólo normas; Robert Alexy también convalidó esa tesis, que más que normas el Derecho son principios, son valores; y que los principios son una especie de normas VIP, unas normas que no pueden ser soslayadas, unas normas que no pueden ser ignoradas.

Es decir, una norma sin un principio, una norma sin un valor, es una norma muerta; un conocimiento sin un valor intrínseco, un conocimiento que no se use para ayudar al ser humano a ser más humano es un conocimiento hueco, es un conocimiento vacío, es un conocimiento que no persigue el fin mediato, cual sería, además de solucionar un caso, respetar la dignidad humana; enseñarle a ese educando a respetar al otro, el respeto de la alteridad, a convivir en medio de las diferencias.

Es decir, las normas de las que hablaba Herbert Hart son diseñadas para garantizar una convivencia pacífica, una convivencia armónica, una convivencia en paz; ahí entenderemos la finalidad del Derecho.

Y la conclusión final, otra propuesta de la Embajada Mundial de Activistas por la Paz: La Cátedra para la Paz.

Ustedes creen que debería haber una Cátedra para la Paz, ¿verdad? Pero ¿solo como cátedra?, como, vamos a aprender a hacer paz solo en la cátedra; o realmente lo que deberíamos pensar es que la Cátedra para la Paz debe imbuir como una esponja, absorber todas las restantes cátedras.

Es diferente enseñar sobre el Holocausto como una cátedra transversal, pero la Cátedra para la Paz tiene que ser la plataforma sobre la cual se edifiquen todos los conocimientos; no debe ser una cátedra limitada a impartir conocimientos, sino a humanizar esa utilización de esos conocimientos.

La Cátedra para la Paz debe imbuir todas las cátedras restantes, debe ser la madre de las cátedras, debe ser la plataforma sobre la cual se edifique el conocimiento.

Un conocimiento edificado sobre la necesidad de instruir es un conocimiento artificial, es un conocimiento manufacturado, un conocimiento muerto, vacío, hueco; pero un conocimiento edificado sobre la plataforma de la Cátedra para la Paz, es un conocimiento edificado sobre la necesidad del respeto por el otro, el reconocimiento de la dignidad humana, un conocimiento vivo y vivificante; porque ese conocimiento imparte una vida armónica, un conocimiento con contenido, con valores; ahí tendremos un conocimiento convertido en un medio eficaz para algo, para lograr la paz.

Y recuerdan que casi siempre se critica la enseñanza en secundaria, y aun la enseñanza superior, diciendo que los profesores imparten o impartimos un mar de conocimientos (¿recuerdan qué sigue la frase?) con un milímetro de profundidad, ¿cierto? Un mar de conocimientos con un milímetro de profundidad.

Es importante esa preocupación: un mar de conocimientos, conocimiento abarcador, pero con profundidad.

Pero yo diría que la preocupación de hoy en día debe ser: no un mar de conocimientos con un milímetro de intensidad, con un milímetro de humanidad, con un milímetro de sensibilidad; eso sí nos debe preocupar.

Qué lindo cuando tengamos, gracias a esta Cátedra para la Paz que propone el señor embajador mundial de la paz, un mar de conocimientos con muchos kilómetros de sensibilidad, un mar de conocimientos con humanidad; para ser más humanos, para convivir en paz.

Muchas gracias.