La educación para la paz a través del liderazgo transformacional - Víctor Hugo Hidalgo

La educación para la paz a través del liderazgo transformacional - Víctor Hugo Hidalgo

Representante del Centro de Estudiantes

Universidad Central de Venezuela

Buenas, primero me siento agradecido de tener la oportunidad de estar aquí en la Alianza Internacional Universitaria por la Paz. Yo traje una intervención preparada, pero antes de eso también quería... hice algunas anotaciones, y romper un poco el protocolo por cosas que me parecieron curiosas, importantes de decir aquí.

Una de las cosas es que todos hemos hablado de la paz, y los ponentes que han estado aquí han hablando de la paz como un argumento de un arma tangible y poderosa para la gente; pero para mí es importante destacar que debe existir el alimento para el ser humano, el alimento hecho pan o el pan hecho alimento; pero ese pan, ese alimento, que no solamente satisfaga la necesidad del cuerpo, sino el pan como el alimento que satisfaga la necesidad del espíritu, porque es importante nosotros alimentar el espíritu.

La educación, y en este caso la educación superior, a la que hoy estoy aquí presente representando, debe ser un arma importante, debe ser un gran alimento para el espíritu. Hoy, en esta reunión, me doy cuenta que algo debe estar pasando, que algo importante debe estar pasando en el país, en las naciones (incluso en nuestro país), que haya tanta y tanta gente preocupada por la paz.

Pero para mí es satisfactorio comentarles que estoy seguro que ese algo que está pasando también tiene una contraparte, que es la que vemos hoy. Hay gente que también está haciendo por ese algo que está pasando, hay gente que está en disposición de hacer por ese algo que está pasando.

La cultura de paz debe dejar de ser un concepto o una definición, debemos convertirlo en una realidad tangible, pero una realidad tangible con la fuerza ontológica de nuestro ser.

Educar pensando en sociedad, la formación, no la mera instrucción, es la clave para la construcción del porvenir de nuestras naciones y de una verdadera cultura de paz. Pero a través de la educación superior debemos generar los liderazgos transformadores, esos liderazgos que comiencen a trabajar en la construcción de esta verdadera cultura de paz.

Pero las universidades y la educación superior no escapa de una realidad, de una realidad de ese “algo” que está pasando, que ya les comentaba.

Pero no es la organización y su correspondiente funcionamiento administrativo el peor de los defectos que exhibe nuestro mal llamado sistema educativo. A la par del mismo, como producto de la supervivencia de categorías y estructuras medievales, en el intracuerpo académico de las instituciones que la integran puede constatarse la anacronía, inflexibilidad y rigidez que de ellos se origina para el diseño de los planes de estudios que integran sus tradicionales carreras; con la consiguiente carencia de oportunidades que confrontan los jóvenes para adaptar aquellas necesidades, sus vocaciones y actitudes personales, sin exponerse a sufrir un rotundo fracaso o implacable rechazo de las propias instituciones.

El índice de deserción, de repitencia y naufragio estudiantil, es por ello un nivel aterrador, su costo no solo es el aspecto material, sino en lo que se refiere a la frustración que produce en la juventud; es sencillamente pavoroso. El resentimiento y la amargura acumulada son en tal sentido un salto social sumamente peligroso.

Si se piensa en el porvenir que nos aguarda; un hombre derrotado y lleno de rencores no es el mejor ciudadano para construir un país y no será tampoco el mejor ciudadano para construir una cultura de paz.

El papel de la institución superior en la instrucción de planes de estudio y en la formación (como en el deporte, la cultura y las intrinciones de los hombres) debe ser fundamental para la construcción de este liderazgo; por supuesto que las oportunidades a los estudiantes para asumir un liderazgo- transformación a veces vienen de los lados más inesperados.

La crisis genera necesidades, pero a través de las crisis y de las necesidades se generan oportunidades; y estas oportunidades generan el emprendimiento; emprendimiento que viene dado no solamente por la formación rígida de una educación superior o de una institución de educación superior, viene dada también por las actitudes personales y por la vocación que cada uno de los individuos tienen.

La educación superior juega un papel fundamental en el desarrollo del conocimiento humano, pero también juega un papel fundamental en el desarrollo del espíritu de los individuos; nos ayudan a ser mejores hombres y nos ayudan a compartir en una sociedad con distintos seres.

El acceso a la información y el conocimiento, hablando de esto con la tecnología o como la tecnología, es un papel importante. La formación de los individuos y el desarrollo tecnológico tienen que ser herramientas que nos conduzcan a la formación de mejores ciudadanos en el camino de la paz.

En los últimos años el mundo ha cambiado su acceso, la tecnología ha cambiado la música, la fotografía, la edición del libro, cambiaron los medios, cambiaron las manufacturas de industrias como el acero; ahora llega el turno a la educación: donde algunos ven un riesgo y problema, otros vemos oportunidades.

La educación superior y la educación para la paz no deben escapar de esta realidad, y debemos utilizar el instrumento tecnológico para la difusión real de esta cultura de paz.

A nosotros nos toca y nos ha correspondido pasar por momentos de crisis y dificultades; sin embargo, hoy tenemos que reconocer que a través de la educación superior hemos podido conseguir nuevas herramientas que nos permitan utilizar estos instrumentos para la cultura de paz.

Yo creo en lo particular... y quería también comentarles dos cosas anecdóticas a ustedes hoy, porque vengo... yo soy del estado Apure, yo soy apureño, vengo de una región de los llanos aquí en el país, en donde estamos pasando por una grave situación de inundación (muchos de ustedes lo saben), en la región de Guasdualito (frontera con Colombia); y quería comentarles que estuve la semana pasada viendo un pueblo inundado, con mucha crisis, lleno de miseria, de dificultades; pero también vi el desarrollo del espíritu humano hecho colaborador, el desarrollo del espíritu humano de esa persona que se solidariza con quien más lo necesita.

Hoy esa tragedia de Guasdualito nos ha traído también un acto reflexivo, de que por lo menos en Venezuela existe gente en disposición; y esto tiene que ser parte de ese liderazgo transformador que nos lleve a la generación de una cultura de paz.

Por eso voy a culminar diciéndoles nuevamente que no solamente tiene que conmovernos o tenemos que sentirnos orgullosos de la transformación del ser humano, sino también de la transformación del espíritu.

Hoy me voy con mucha más fe de que la cultura de paz y que de la paz en el mundo y en nuestro país será una realidad tangible en la ontología de nuestro ser.

Hoy le doy gracias por la oportunidad a la Alianza Internacional Universitaria por la Paz, por permitirnos estar aquí con ustedes; y bueno, de alguna manera decirles lo que nosotros sentimos desde las universidades, y sobre todo desde la Universidad Central de Venezuela a la que hoy vengo y represento.

Gracias.

 

Dra. Luci Bento

Moderadora

Agradecemos a Víctor Hugo su ponencia, su experiencia, su pasión, demostrado en la locución con el tema que le tocó desarrollar sobre el liderazgo, y nos hablaba de la importancia de trabajar en la educación e incorporar el trabajo con el espíritu.

Gran parte de la jornada de hoy se trató de la composición del ser humano de: alma, cuerpo y espíritu; y que no es suficiente un abordaje con meros contenidos y una alimentación solamente del cuerpo, porque no lo estaríamos abordando en su composición natural del ser humano: del alma, cuerpo y espíritu.

Y nos decía Víctor Hugo: ¿Por qué esa revolución de la preocupación por el trabajo por la paz?, ¿qué está pasando en el mundo?, dice Víctor Hugo. Y qué bueno esas interrogantes porque son puntapié inicial para que hagamos la revisión de nuestro quehacer.

Nos decía también que los antivalores no son los mejores aliados para llevar adelante un país; y esto va en congruencia con lo que decíamos esta mañana de la pertinencia del currículum que se desarrolle, el cual es el currículum que hoy la sociedad requiere para responder a la necesidad actual y una mirada profunda de lo que estamos haciendo.

Así también Víctor Hugo hizo mucho hincapié del uso correcto de las herramientas tecnológicas; y qué bueno escuchar de un joven que las herramientas tecnológicas son armas - herramientas (como se dice) pedagógicas para colaborar con el aprendizaje si se lo optimiza correctamente; un medio de comunicación poderoso de aprendizaje, colaborativo, que no conoce fronteras geográficas. Así que destacamos esto, que un joven tenga que reconocer que el uso correcto de las herramientas tecnológicas es un buen aliado para el abordaje de la educación.

Y bueno, de esta manera agradecemos a los que han colaborado en esta mesa: a la magíster Iris de Gil, a Luis Miguel Villafañe, a Víctor Hugo Hidalgo.