LA EDUCACIÓN EN VALORES, HERRAMIENTA PARA ALCANZAR LA PAZ

LA EDUCACIÓN EN VALORES, HERRAMIENTA PARA ALCANZAR LA PAZ

Bogotá, D.C., 6 de mayo de 2015

LA EDUCACIÓN EN VALORES, HERRAMIENTA PARA ALCANZAR LA PAZ

Hoy, 6 de mayo de 2015, nos reunimos en Bogotá, Colombia, los activistas por la paz, autoridades académicas, judiciales, docentes, estudiantes y periodistas, a reflexionar acerca de las características que debe reunir la educación en valores orientada a la construcción de una cultura de paz. Y nos reunimos con motivo del Segundo Seminario Internacional “Valores en el Desarrollo de Competencias Profesionales”, promovido por la Embajada Mundial de Activistas por la Paz a través de la Alianza Internacional Universitaria por la Paz (ALIUP).

La importancia y utilidad de la educación en valores como herramienta para la construcción de una cultura de paz, ha sido destacada por la ORGANIZACIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS PARA LA EDUCACIÓN, LA CIENCIA Y LA CULTURA (UNESCO).

La Declaración Universal de los Derechos Humanos se preocupó por dejar en claro el objeto de la educación, en el Artículo 26.2:

“2. La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana, y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre

todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos, y promoverá el desarrollo de las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz”.

De conformidad con el Artículo 2° de la Convención Americana Sobre Derechos Humanos (conocida como Pacto de San José), los Estados tienen la obligación de formular políticas públicas, planes, programas o proyectos dirigidos a proteger los derechos humanos y a evitar toda forma de discriminación.

De igual manera lo consagra la Declaración de Viena, adoptada por la Conferencia Mundial de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, de 25 de junio de 1993, en el numeral 1, párrafo 3°:

“Los derechos humanos y las libertades fundamentales son patrimonio innato de todos los seres humanos; su promoción y protección es responsabilidad primordial de los gobiernos.”

Debemos unir esfuerzos para implementar una educación en valores que promueva el respeto de la dignidad humana, la igualdad, la libertad y el respeto mutuo entre todos los miembros de la familia humana. Una educación que enseñe no solo a tolerar al otro, a aceptar al otro, sino además, a respetar al otro con todas las diferencias que le caracterizan. Una educación que además de tolerar y respetar al otro, enseñe a las jóvenes generaciones a solidarizarse con el otro, a conmoverse por la situación del prójimo.

Es innegable la importancia de la educación en el proceso de aprendizaje de los seres humanos y –por ende– en la formación de sus ideas y pensamientos, que luego se ven reflejados en sus acciones, las cuales impactan la forma de vida de la sociedad, y consecuentemente la forma de ser del mundo.

Actualmente la raza humana atraviesa una crisis de valores que ha desencadenado extremas manifestaciones de violencia, la pérdida del respeto por la vida, por la dignidad humana, y la falta de sensibilidad y solidaridad con el prójimo. Tanta insensibilidad e intolerancia nos lleva a pensar en el proceso de formación al cual están expuestos nuestros niños y jóvenes, quienes en muchos países pasan en la escuela más de 7 horas al día, recibiendo un cúmulo de información sobre diferentes disciplinas y destrezas. La Educación, sea pública o privada, juega un papel determinante en la formación de las capacidades y habilidades del ser humano, pero también en la formación de la conciencia individual y colectiva.

La historia evidencia que la educación como simple transferencia de conocimientos es, además de deficiente, ineficaz para lograr una cultura de paz y de respeto de los derechos humanos. Hemos visto en muchos casos crímenes contra la Humanidad y genocidios perpetrados por líderes académicamente muy bien preparados. La historia muestra destacados profesionales llevando a cabo actos de discriminación, intolerancia y violencia contra diferentes grupos minoritarios conformados por personas consideradas “diferentes”.

Es importante entender que el ser humano integral es cuerpo, espíritu y corazón también (llamado alma), y que cada una de esas partes tiene un alimento, una información y un mensaje o palabra que lo va formando. Y las universidades tienen una responsabilidad ineludible de suplir ese alimento, que, aunque sea intelectual, tiene que estar fundamentado en principios éticos y morales, y valores humanos que necesita el ser humano integral; para así contribuir a la construcción de una cultura de paz; porque sin paz no hay felicidad. Y queremos unos estudiantes y profesionales bien preparados intelectualmente pero al mismo tiempo felices, que puedan decir: “Soy feliz. Estoy feliz porque estudié en tal universidad donde me suplieron ese alimento para mi interior, el cual me está siendo de mucho provecho a mí y a mi hogar, a toda mi familia, y a la comunidad donde vivo.”

Premisa fundamental del proceso educativo en valores para la paz, es que el estudiante ingresa a la universidad no solo para graduarse de una profesión y ganar mucho dinero, lo cual está bien, pero no es la meta final; el objetivo de una educación en valores para la paz, es formar seres más humanos, preparados y preocupados por ser de provecho para su familia, para la comunidad y para su nación; de tal modo que sean servidores del pueblo, servidores de su prójimo, con esa sensibilidad que debe caracterizar a todo ser humano.

Porque la persona ha venido para ser sensible en esta vida y para trabajar por el prójimo. Lo mismo que uno quiere para uno, las cosas buenas que anhela el ser humano, debe desearlas para el prójimo; y trabajar por ellas en favor del prójimo.

Por lo tanto, este proyecto de la Alianza Internacional Universitaria por la Paz tiene el éxito de antemano. Lo que debemos hacer es ejecutarlo en la forma correcta. Porque, siempre, lo que tiene éxito es aquella acción destinada a suplir alguna necesidad que tiene el ser humano. No hay futuro de éxito para algo que no sea necesario para los demás. Todo proyecto que suple una necesidad, tiene vocación de éxito.

Sabemos que hay la necesidad de la paz. Por lo tanto, trabajar por la paz en la forma correcta, utilizando la educación en valores como herramienta, garantiza el éxito y garantiza la paz, y por consiguiente la felicidad de aquellos a los cuales llega ese trabajo.

Por lo tanto, estamos en el camino correcto trabajando por la paz, no solo por la paz nuestra, sino de toda la humanidad. Y en nuestras manos está alcanzar tan noble objetivo a través de una educación integral, que no solo forme profesionales capacitados, sino seres humanos que desde su profesión contribuyan a la formación de una cultura de paz.

En nuestras manos está la semilla que tiene que ser sembrada. Las universidades tienen la oportunidad y la responsabilidad de formar personas de paz. Así como por varios siglos han formado excelentes profesionales, con todos los conocimientos y destrezas para un calificado ejercicio professional, las universidades y centros educativos en general tienen la responsabilidad y la oportunidad de formar personas de paz; personas más sensibles, seres más humanos.

Eso es lo que necesitamos, que el ser humano reconozca que es humano; que no actúe como los animales, sino que actúe como lo que es: un ser humano respetuoso de sus semejantes, solidario con ellos y esforzado por vivir en paz; que sea guardián de su prójimo, que busque el bienestar de todos.

Siempre el bienestar de uno está en el bienestar de los demás. Si uno lucha, trabaja por los demás, automáticamente viene el beneficio también para el que trabaja.

Esa es la ley de la siembra y de la cosecha. El que siembra la buena semilla, después recoge el fruto bueno, de acuerdo a la semilla que sembró. Por eso es importante sembrar la semilla de la paz en la forma correcta, y estar atentos al cuidado que hay que darle para que prospere esa semilla y nazca en el corazón de las personas; porque la paz no es un asunto de la cabeza, no es un asunto de la mente, es un asunto del alma, del corazón. Y es ahí donde hay que sembrar la semilla de la paz, para que salga del alma a través de los diferentes sentidos del espíritu y del cuerpo, en una manifestación de paz para la persona y para todas las demás personas.

Si se educa para la guerra, también se puede educar para la paz. A nuestros jóvenes debemos brindarle una enseñanza integral en todos los campos, a través de la Cátedra para la Paz, para formar mediadores de paz que se conviertan en agentes multiplicadores del respeto por las diferentes formas de pensar.

Así que adelante todos, forjadores de conciencias, constructores de la paz, bien unidos, trabajando por la paz de la humanidad con este proyecto de la Alianza Internacional Universitaria por la Paz.

Muchas gracias.

Dr. William Soto Santiago

Presidente Ejecutivo de la EMAP

Ver nota relacionada: II Seminario Internacional en pro de la Formación en Valores - Universidades de Colombia se unen a la Alianza Internacional Universitaria por la Paz -