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“La contribución de la extensión universitaria en el abordaje de los desafíos sociales” - Dr. Antonio Kiernyezny Rovate

“La contribución de la extensión universitaria en el abordaje de los desafíos sociales” - Dr. Antonio Kiernyezny Rovate

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Muy buenos días a todos. [Saludo en ucraniano] Quiero decir también en mi idioma ancestral, en mi idioma cultural, el ucraniano, que somos una comunidad que estamos también aquí en Paraguay, formando parte de esta hermosa tierra desde la venida de mis abuelos y mis padres.

Me corresponde desarrollar el tema sobre “La contribución de la extensión universitaria en el abordaje de los desafíos sociales”, y en el contexto del tema que nos reúne hoy: “La paz como eje transversal en la gestión universitaria”.

Traigo los saludos respetuosos del señor rector, el ingeniero Hildegardo González, quien es también presidente del Consejo Nacional de Educación Superior en el Paraguay en estos tiempos.

Y a modo de introducción, considero que es importante realizar algunas precisiones acerca del concepto mismo de lo que implica la extensión universitaria, que es el tema que me toca desarrollar; y principalmente su evolución a través de los tiempos, en el marco de la propia evolución de los modelos de universidad que se han desarrollado a través de la historia de la humanidad.

Y revisando la literatura que hay al respecto, especializada en el tema, y en la revisión de las misiones de las universidades en el mundo, se puede apreciar básicamente dos visiones que han dado origen a la extensión universitaria como uno de los tres ejes fundamentales que hacen a la actividad propiamente universitaria, conjuntamente con la actividad académica y la investigación.

Estas dos visiones o estas dos definiciones, no necesariamente son contradictorias una con otra, y que pueden ser aplicables a distintos contextos culturales, y son: la visión clásica o de la cultura occidental, y el modelo cultural latinoamericano.

Desde la primera perspectiva clásica de la universidad, se define a la extensión universitaria como “la misión de la universidad de conducir actividades educacionales para personas de la comunidad que no son estudiantes de tiempo completo o alumnos regulares dentro del sistema”.

Esta concepción histórica tiene que ver con la responsabilidad de una clase educada en la universidad, de extender la educación a un sector que no tiene acceso a esta; como por ejemplo, a adultos de clases menos favorecidas.

Nació en el siglo XIX, por los años 1870, en la Universidad de Cambridge, Inglaterra; y su objetivo fue incorporar a las mujeres y a otros miembros de las clases populares a la educación universitaria.

La tradición de la extensión universitaria sí, rápidamente se propagó al mundo anglosajón, europeo y también norteamericano, pero menos en el latinoamericano.

Entre ellos, los programas más variados, por ejemplo, hoy se encuentran en Estados Unidos, calificados como programas semipresenciales o a distancia, programas desarrollados por internet; donde hay más alumnos en las disciplinas de la modalidad extensiva que en las clases normales curriculares incluso, en algunos casos.

Un aspecto interesante que podemos rescatar en el contexto de la presentación del tema que nos reúne hoy, es que este sistema permite un criterio de igualdad de oportunidades; porque permite a, justamente, sectores que no tienen las mejores posibilidades de acceder a la universidad, de tener la oportunidad –sin embargo– de desarrollar actividades de formación universitaria.

Una segunda visión de la extensión universitaria proviene, precisamente, de nuestra cultura latinoamericana. Su origen, en Córdoba, en el año 1918, justamente en las reformas que se generaron en estos años en esta universidad, y que pronto también se propagaron hacia los demás países de esta parte del planeta; que entendieron el significado clásico, educativo, de la extensión universitaria desde el modelo de la cultura occidental, pero que la desarrollaron desde un sentir y desde las necesidades propias latinoamericanas.

Esta visión se adecúa a una concepción educativa, enfatizando por sobre todas las cosas un compromiso social en los programas de extensión universitaria. Incluso esto implica un gran impacto en los propios estudiantes que desarrollan sus actividades de formación profesional en diferentes programas; y toma un giro extramural a la universidad, con una vinculación de la universidad con el entorno, con el contexto en el cual se desenvuelve la institución; y eso implica a profesores y estudiantes. Incluso en algunos casos lleva a un tono o a una característica de asistencialismo de la universidad, en algunos casos.

Sin embargo, la extensión universitaria es considerada en este sentido como uno de los pilares fundamentales del quehacer universitario, y que aporta, obviamente, desde una responsabilidad social de la universidad al desarrollo del entorno, ya sea inmediato o en contextos incluso no inmediatos.

Es así que la extensión universitaria es una de las funciones definitorias de las universidades latinoamericanas, herederas de ese movimiento de la reforma universitaria ocurrida justamente en Córdoba; y a partir de allí toma connotaciones muy diferentes en diferentes universidades, dependiendo de las propias políticas universitarias, para definir en qué contexto, en qué ámbitos se ha de desarrollar la extensión universitaria.

En algunos casos, por ejemplo, tienen que ver con actividades propiamente artísticas y culturales; y en otros casos van hacia trabajos mucho más profundos y relacionados con la propia formación investigativa y académica, en donde se promueven trabajos de investigación y desarrollo, y de promoción de situaciones o de fenómenos problémicos, en los cuales la universidad con sus actores interviene para dar una solución.

Junto con esta amplitud de criterios para definir, conceptualizar y planificar acciones de extensión, es posible también constatar que las universidades no siempre han reconocido el potencial pedagógico de la extensión, en lo que refiere a la formación curricular de estudiantes universitarios; menos aún, han concebido también, y organizado, una política de generalización de la extensión integrada al currículum en todas las áreas del conocimiento y en diferentes momentos de la formación disciplinaria curricular.

Quiero tomar unas palabras de Susana Sanguinetti, que en un trabajo denominado “Extensión Universitaria - posición ideológica y decisión política al servicio de la comunidad”, sostiene que “conciliar posiciones institucionales con relación a la definición y misión de la extensión universitaria en la universidad, es muy diversa” –insisto. Y las diferencias pueden organizarse ya desde el punto de partida, o en el punto de llegada de toda actividad, de todo proyecto, de todo programa de extensión. Desde definir quién hace extensión universitaria, de dónde y para qué, dónde y cuándo, cuál es el criterio que prima cuando se emprende la tarea de extensión; y si estamos seguros desde la universidad, que cuando desarrollamos un trabajo de extensión con proyección hacia - dentro y hacia la sociedad, lo que intentamos es devolver a la comunidad en la cual la universidad está inserta; para, de esa forma, de alguna manera responder a ese compromiso social con lo que hemos recibido en la universidad.

Realizamos trabajos conjuntos, interdisciplinarios, que nos permiten instalar en los futuros profesionales ciertas capacidades y competencias para el trabajo en equipo, por ejemplo; o para el desarrollo de un liderazgo transformador (como se decía hoy, en las exposiciones centrales en esta mañana).

Todas estas preguntas realmente se pueden responder en el propio seno de la universidad, con propósitos, objetivos concretos, que deriven de las propias políticas de cada universidad, definida –obviamente– en su condición de ser instituciones pertinentes para la transferencia; no solamente para la generación de capital humano con capacidades y competencias para desenvolverse como profesionales, sino para la transferencia de conocimientos científicos desarrollados a través de la actividad investigativa; y por sobre todas las cosas, para generar impacto en el entorno a partir de programas de innovación, de desarrollo, comprometiéndose intrainstitucionalmente con su recurso humano, con sus actores: estudiantes, profesores de aula, investigadores y extensionistas; ojalá interactuando entre todos, trabajando en proyectos que tengan que ver necesariamente con aspectos problemáticos, que desde una perspectiva inteligente puedan ser abordados y resueltos; y con un compromiso que conlleve también la implicación responsable de las comunidades, de los contextos sociales que tienen la posibilidad de recibir a la universidad o a los actores universitarios, e interactuar con ellos en ese proceso de innovación, de desarrollo a partir de producción de conocimientos aplicados.

En ese sentido podemos entonces decir que se asume, o podemos asumir que la extensión universitaria es una herramienta, es un elemento propicio, pertinente, que puede aportar al desarrollo de una sociedad, con la participación plena de la universidad en la relación con la sociedad.

Y es así que, como elemento, como espacio, como terreno propicio se pueden desarrollar categóricamente no solamente capacidades y competencias en el ámbito del conocer, del saber hacer, sino, obviamente, del saber ser; en la relación de ese, especialmente, ser en formación profesional, estudiante universitario, en donde asume una responsabilidad consigo mismo, consciente, y por sobre todas las cosas, sensibilizado con una realidad problemática, en la que va a actuar e interactuar con actores no necesariamente universitarios; y consciente también, de que a través de la experiencia puede desarrollar una conciencia, una cultura: una cultura solidaria, una cultura responsable, una cultura que lo lleve a ser un profesional humilde y sensible ante la realidad social; en especial, con aquellas realidades donde los sectores son principalmente vulnerables.

Y desde ahí crecer y desarrollar todos los valores, y ejercer su condición de persona, su condición de profesional, con base en todos esos principios que hemos escuchado esta mañana, en las ponencias centrales; y obviamente, aportar a una sociedad en paz, a una sociedad para la paz, que permita asegurar la sustentabilidad y la sostenibilidad planetaria.

Con esto quiero cerrar y agradecer, una vez más, la atención amable que me han brindado.

Muchas gracias.