Foro: “El Genocidio y los otros delitos, competencia de la Corte Penal Internacional” - José Antonio Murguía Rosete

Foro: “El Genocidio y los otros delitos, competencia de la Corte Penal Internacional” - José Antonio Murguía Rosete

José Antonio Murguía Rosete

Presidente del Seminario de Derecho Internacional

 

Muy buenos días. Estimado Dr. Javier Zarco, Coordinador del Centro de Relaciones Internacionales; excelentísimo doctor William Soto Santiago, Embajador Mundial de la Embajada de Activistas por la Paz; Lic. Francisco Guerra González, Coordinador Nacional para México de la Embajada Mundial de Activistas por la Paz; Dr. Camilo Montoya Reyes, distinguido miembro de la Universidad Libre de Bogotá; Dr. Rafael Avante, Subsecretario del Trabajo; estimados compañeros y amigos.

El día de hoy culmina uno de los esfuerzos en nuestro Seminario. Esto comenzó a finales del siglo pasado, en el año de 1999 exactamente. Cuando llegamos a la conclusión de que un imperativo dentro de la universidad era comenzar a construir un grupo académico de alta calidad que pudiera hacerse cargo de difundir los principios y los valores de la humanidad, atacando aspectos relativos a Derechos Humanos, a delitos internacionales, a crímenes de guerra, a crímenes de lesa humanidad, y uno especial: al terrible flagelo del genocidio.

Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial (no ustedes que son muy jóvenes, pero yo sí), tenía la esperanza de que esto era un escarmiento general, a fin de que este tipo de eventos y de toda la serie de sucesos relacionados con esta tragedia, jamás se repetirían. ¡Qué equivocado estaba!

Podíamos conocer de los enormes crímenes de guerra que se cometieron y estábamos horrorizados, pero cuando nos enteramos de detalles, de lo que ahora se identifica como el Holocausto, realmente nuestra capacidad de asombro quedó rebasada.

Consideramos que esto era la cúspide de la brutalidad y la bajeza humana, pero parece ser que también estábamos equivocados. Nos enfrentamos posteriormente a los crímenes de Camboya, realizados con una crueldad y un sadismo increíbles, que elimina a dos millones de personas en la flor de la vida, y que además luego no merecía ni un comentario, ni un título en la prensa.

Nosotros nos ocupamos, escribimos en esa época, un poco más de 20 artículos, para los cuales nos fundamentamos de la mejor manera en fuentes de origen de lo que estaba sucediendo en el lugar; pero prácticamente íbamos solos. La gente poco se mueve. El problema es muy distante. Y cuando las cosas las sentimos distantes, creemos que no tienen importancia.

Y vean, dejaron pasar el problema de Camboya que se terminó por atender por el vecino a Vietnam, que llegó y más o menos metió algo de orden. Pero ¿cómo es posible que hasta la semana pasada se hayan dictado las primeras sentencias contra esos criminales?, que a la gran totalidad de ellos se les haya permitido morir tranquilamente y sin haber afrontado la vergüenza de sus actos. ¿Sí? Es muy lamentable, pero pasó.

Pero ¿qué sucede después? Nos encontramos con nuevos crímenes en Europa, crímenes en África. ¡La eliminación de los tutsi! ¿Cómo es posible que haya podido ocurrir en esta época? ¡El problema de Ruanda! ¡El problema del Congo! Y a menor escala, dense una vuelta, verdad, por el Amazonas.

Todo esto nos lleva a una lamentable conclusión: Es muy distinto tener escritas las leyes, a hacerlas cumplir. Parece ser que los humanos consideramos que los problemas se resuelven en el momento en que inscribimos en un determinado código una sanción, y luego lo guardamos, nos olvidamos de cumplirlo. Y toleramos que algún Estado poderoso, indique que a él no se le apliquen las cosas, porque es demasiado grande.

¡No podemos menos que suscribir la iniciativa del Dr. William! El Consejo de Seguridad tiene que cambiar. Ya llevamos muchos años tratando de que exista un cambio en Naciones Unidas. Hay que refundarla.

Es un trabajo muy difícil..., probablemente llevará muchos años hacerlo, pero hay que hacerlo. Si se quiere establecer una sociedad igualitaria, en donde rija el Derecho, no podemos olvidar que el Derecho es para todos o no es para ninguno.

El que en otros Estados y en otros ambientes ocurran aberraciones, no es ajeno a nosotros. Somos co-responsables de que pasen, porque no hemos tomado las medidas ni hemos adoptado los mecanismos lo suficientemente fuertes para evitar que esto suceda.

En este contexto, en el Seminario hemos pensado que hay dos maneras de atacar el problema: Por uno: la revisión académica de cómo están hechas las leyes internacionales, los tratados que tratan de proscribir figuras deleznables, la Corte Internacional de Justicia Penal de La Haya; y por otro lado, establecer la conciencia pública de que estos fenómenos se dan una y otra vez, y que no se puede dejar en manos de algún Gobierno o de algunos Gobiernos, la decisión de si se aplica o no se aplica la ley internacional. La ley internacional debe ser vigente y aplicarse a todos por igual.

Solamente en el momento en que podamos nosotros asegurarnos de que la ley internacional va a cumplirse, y que todo aquel delincuente que haya participado directa o indirecta, o encubiertamente, va a tener que responder de sus actos, en ese momento tendremos una sociedad digna en este mundo.

Yo les invito a que agreguen de la gran sabiduría de personas como el señor Embajador de la Paz, quien ha dedicado toda su vida al estudio de estos temas y a su difusión, y a defender los principios, y a toda esa gama de colaboradores brillantes que en todo el mundo están trabajando con él, dentro de los cuales se encuentran los principales asesores del doctor, y que tenemos la fortuna que están presentes en este auditorio.

Bienvenidos; y espero que estas jornadas tengan el máximo resultado para el bien de la humanidad y de nuestro país, donde también tenemos algunos problemas.

 

Muchas gracias.