Elementos pedagógicos para una cultura de paz - Carmen Payares Payares

Elementos pedagógicos para una cultura de paz - Carmen Payares Payares

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Buenas tardes. Estar en este lugar maravilloso es un privilegio. Con esa certeza quiero ofrecerles el mejor saludo, el mejor abrazo, y, de verdad, la cantidad de esperanzas que se generan con estos corazones unidos. Muchas gracias por estar aquí, y a Dios le doy las gracias por permitirme esta oportunidad.

Es a partir de una afirmación que quisiera hacer una breve disertación: El amor es condición suficiente para la paz, pero no es gratis; es necesario pagar un precio: verdad y justicia. La verdad se revela en la creación; cuando la verdad se orienta hacia la plenitud del otro, se llama justicia.

En estas condiciones, el amor requiere de la verdad y la justicia para formar un equipo suficiente que genere paz. Ama y verás que hay paz.

Pero se requiere verdad y justicia, lo cual es inherente al que ama, porque no existe amor verdadero que no esté al servicio del otro; es decir, si amas, orientas el bien hacia la plenitud del otro.

Ya tenemos un criterio: el amor es causa para la paz.

Los elementos pedagógicos anunciados en el nombre de esta disertación para instalar en las instituciones de educación superior una cultura de paz, forman una secuencia coherente y armónica: mentalidad, emotividad y acción; razón, emoción y acción; tómese el criterio encontrado.

Le sigue, entonces, convencer sobre la validez de este criterio, úsese el ejemplo, el testimonio, la palabra, la gráfica, el color; método inductivo para hablarle a la razón y al corazón.

Tenemos entonces criterios y las convicciones. Se le habla al corazón y de allí se derivan las actitudes; lo expresan sus manos, es la vida verdadera, es como es realmente en privado y en público, en lo personal e individual, en la soledad y acompañado, en la luz y en la sombra; esas son las actitudes; así somos.

Inspirémonos en Heinrich Pestalozzi, es un pedagogo suizo del siglo XVIII y principios del siglo XIX, con su modelo pedagógico que nosotros —los estudiosos de él— lo reconocemos como cabeza, corazón y mano.

De Pestalozzi se recuerda su deseo de mejorar al pueblo a través de la educación, y el espíritu que inspira su método: lección de fe en la humanidad. Su influencia es notable en los pedagogos franceses que comparten ese maravilloso sentido de la educación como medio para el mejoramiento del pueblo.

Cuando ya se está en ese nivel, aparecen las opciones; la opción escogida coherente con las actitudes, las convicciones, y estas, con los criterios.

Cuando yo opto, nadie me obliga. Como cada uno lo hace con coherencia, con actitudes, convicciones y criterios, surge libremente el compromiso, y de este se deriva la responsabilidad. Se cuenta con los requisitos para incidir en la comunidad y de esta forma se puede instalar una cultura de paz; creo en ello.

Se observa, entonces, que es preciso delinear los criterios mediante el uso de estrategias adecuadas, construir el puente que lleve los criterios a las convicciones; es decir, el puente que une la cabeza con el corazón. El puente más delicado, del corazón a las manos, representan las actitudes. Que mis actitudes sean coherentes con mis criterios y convicciones es un poco más complejo, se requiere de la experiencia en la perseverancia hasta lograrlo.

Cada uno asume la responsabilidad que le cabe según el compromiso correspondiente en respuesta a sus opciones; por supuesto, sus opciones se relacionan con sus actitudes, y estas con sus convicciones, y ellos, a su vez, son coherentes con los criterios.

Invito en esta tarde a trabajar, en los diferentes ambientes donde compartimos el don maravilloso de la vida, dos iniciativas. La primera, es amar en un contexto de verdad y justicia. La segunda, es trabajar el proceso mediante el cual se valora la secuencia: criterios, convicciones, actitudes, opciones, compromiso y responsabilidad.

Es verdadero lo siguiente: El fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz. Es decir, el fruto de la justicia en ambiente de paz se convierte en semilla; y el fruto nuevo que fluye de esa semilla desde los ambientes de paz, va dirigido a quienes hacen la paz.

Gracias.