“El Holocausto. Un punto de partida ineludible en los estudios sobre genocidio” - Dr. Daniel Rafecas

“El Holocausto. Un punto de partida ineludible en los estudios sobre genocidio” - Dr. Daniel Rafecas

Muy buenos días. En primer lugar quiero agradecerle a la Embajada Mundial de Activistas por la Paz, al Dr. Soto Santiago, al Dr. Camilo Montoya Reyes, por el honor de participar de este panel y de este Foro Internacional. En nombre también de la Facultad de Derecho, como profesor de esta casa, le quiero dar la bienvenida muy cálida a todos los invitados internacionales; pero también a colegas, estudiantes…, quiero también darles la bienvenida a los ciudadanos y ciudadanas que forman parte de las iglesias cristianas que hoy nos acompañan, sean muy bienvenidos en esta casa; lo mismo a todos los futuros oficiales de la policía metropolitana que también nos acompañan; y en ese sentido no puedo dejar de hacerle un especial agradecimiento a mi querida colega y amiga, profesora también prestigiosa jurista, camarista, contravencional y penal de la ciudad de Buenos Aires, la Dra. Marcela de Lash por acompañarnos hoy en esta importante actividad.

   Bien, en mi caso voy a hacer disertación dividida en dos partes. En la primera voy a hacer un muy breve resumen de lo que hoy podemos definir y mencionar en torno de lo que fue Holocausto o la Shoá. Y en la segunda parte de mi disertación voy a enfocarme brevemente en los procesos de Justicia Penal que hubo en la posguerra, relacionados con el Holocausto.

   Cuando hablamos de Shoá u Holocausto, todos sabemos que se trata de un crimen que se llevó la vida de 6 millones de víctimas, de integrantes de la comunidad judía, de los pueblos judíos europeos, perpetrado por la maquinaria militar-policial de la Alemania nazi y de sus aliados; y lo ubicamos dentro de lo que fue históricamente el contexto de la Segunda Guerra Mundial.

   Ahora yo quiero hacer algunas precisiones con relación a lo que ha sido el Holocausto. El Holocausto no fue un producto o un crimen que se haya podido lograr de un día para el otro; no fue un crimen que que se haya podido lograr a partir de la acción de un puñado de jerarcas o de jefes nazis, sino muy por el contrario: el proceso que llevó a la destrucción de los judíos de Europa comenzó ya muy tempranamente en 1933, cuando Hitler asume el poder como Canciller en Alemania; ya dos meses después va a sancionar la primera legislación que va a barrer con todos los agentes del estado alemán de confesión judía.

   Todos ellos fueron obligados a abandonar sus puestos por el solo hecho de pertenecer a un pueblo, o como ellos decían en su momento: “a una raza”, que el régimen nazi, por razones absolutamente infundadas –hasta grotescas diría yo–, consideraban una “raza enemiga”.

   A partir de aquel primer decreto de expulsión de todos los empleados y agentes del Estado, por el hecho de ser judíos, la suerte del pueblo judío en Alemania y después en Europa ya estaba sellada.

   A partir de ese momento comenzó la persecución. En 1935 va a haber un momento culminante, histórico, porque el régimen alemán va a sancionar una legislación por la cual decretó que los judíos alemanes (aproximadamente 500.000 ciudadanos) dejaban de pertenecer a la comunidad del pueblo y pasaban a ser ciudadanos de segunda o súbditos bajo la protección del Tercer Reich.

   A partir de ese momento, y ya entonces desprovistos de sus derechos civiles y políticos, comenzó una sistemática persecución de índole económica, arrinconándolos y emprobreciéndolos, quitándoles sus empresas, quitándoles el ejercicio de las profesiones, finalmente también quitándoles los comercios; y en definitiva, forzándolos u obligándolos a abandonar el territorio de Alemania y luego también de Austria (a partir de la anexión de ese país en marzo de 1938).

   Con el comienzo de la Segunda Guerra Mundial en septiembre de 1939, la situación ya comienza a enderezarse en un camino directo hacia el exterminio, porque Alemania, al invadir Polonia, se va a hacer cargo de aproximadamente 2 millones más de judíos en la Polonia Occidental; y luego, a partir 1941, con la invasión a la Unión Soviética, el alcance del régimen nazi, de los judíos de Europa, era prácticamente absoluto: tenían el control de aproximadamente 10 millones de judíos de todo Europa, desde el límite entre Francia y España hasta el norte de Noruega, y en el Sur hasta las Islas Griegas, y en el Este avanzando rápidamente en dirección a Moscú, a Leningrado (o sea, San Petersburgo) y a Stalingrado.

   Es en ese momento, a partir de mediados de 1941, cuando comienza la primera etapa de lo que fue el exterminio físico de los judíos de Europa, comenzando por los de la Unión Soviética, allí entre 1941 y 1944, formaciones de policías, militares y colaboracionistas locales van a generar el fusilamiento sistemático en todas las ciudades, pueblos y comunidades de lo que en ese momento era la Unión Soviética, de aproximadamente un millón y medio de hombres, mujeres, niños, ancianos, por el sólo hecho de pertenecer al pueblo judío.

   Prácticamente comunidades enteras van a desaparecer para siempre de la faz de la Tierra, comunidades que habían estado allí instaladas al menos desde hacía mil años. No han quedado vestigios ni rastros de ellos en Lituania, en Ucrania, en Bielorrusia, en Rumania y en otros lugares.

   Allí por ejemplo, cuando las tropas alemanas ocuparon Kiev, la capital de Ucrania, a fines de septiembre de 1941, estas unidades policiales y militares (SS), encargadas del fusilamiento de los judíos, en dos días masacraron 33.771 personas en las fosas de Babi Yar en las afueras de Kiev; un hecho, un acontecimiento terrible, histórico, que se recuerda –por supuesto– todos los años y que marca una especie de símbolo de lo que fue el holocausto por balas, que fue la primera etapa de lo que fue la Shoá.

   Ahora bien, esta orgía de violencia y de muerte iba a dar paso a una siguiente etapa en donde los métodos de exterminio iban a ser mucho más fríos y, yo diría, industriales, en el sentido de que se trató de un proceso de exterminio que buscaba aumentar y potenciar la producción de asesinatos, y reducir o minimizar los costos en términos de utilización de tropas, de armamento, de munición, de transporte, etc.

   ¿A qué me estoy refiriendo? Me estoy refiriendo a lo que en definitiva fue la página más negra en toda la historia de la modernidad del hombre, la construcción y puesta en funcionamiento de los seis campos de exterminio, constituidos por cámaras de gas y algunos de ellos también por hornos crematorios en el territorio de la actual Polonia, con nombres que la historia del hombre deberá recordar para siempre, como Chelmno, Sobibor, Bełżec, Treblinka, Auschwitz-Birkenau y Majdanek.

   En esta siguiente etapa, en esta última etapa de lo que fue el Holocausto, aproximadamente 3 millones y medio de hombres, mujeres y niños, por el solo hecho de pertenecer al pueblo judío van a ser deportados desde todos los puntos de Europa hasta estos campos de exterminio; y allí exterminados, asesinados con gas, en un proceso que adquirió una eficiencia y una velocidad asombrosa, ya que estamos hablando de un proceso que comienza aproximadamente a comienzos de 1942 y va a terminar para fines de 1944.

   Con el final de la guerra, la Alemania ya prácticamente derrotada se produce la última decisión genocida de parte de las SS, de Heinrich Himmler, que fue las llamadas “marchas de la muerte”: cientos de miles de prisioneros judíos van a ser puestos a caminar en el terrible invierno europeo, con suecos, con pijamas, desnutridos, enfermos, mal alimentados. En esas condiciones van a perecer en los caminos, en los trenes o en los lugares de acogida, de llegada, que no eran otra cosa que campos de concentración, como los de Bergen-Belsen, Ravensbrück, Mauthausen, Sachsenhausen, etc.

   Y allí, entonces, vamos a agregar otros cientos de miles de asesinados durante los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial, que como más o menos sabemos finalizó en mayo de 1945.

   Es así entonces como se llega a la cifra de las 6 millones de víctimas del Holocausto. Y es por esta razón que se trata de un acontecimiento bisagra en la historia del hombre, en la historia de la modernidad, en la historia del siglo XX; y obviamente no es algo que preocupe solamente a las comunidades judías, sino que es un crimen que ha sido cometido contra toda la humanidad, contra todas las naciones. Y de ahí entonces la preocupación de los ámbitos humanistas de Occidente, para procurar que estos acontecimientos no se repitan; y en este sentido lidera este proceso la Embajada Mundial de Activistas por la Paz y personalmente el Dr. Soto Santiago.

   Bien, más allá de lo que recién se refería acerca de que en 1948 se sanciona una Convención universal contra el Genocidio, esto no quiere decir que el crimen del Holocausto haya quedado sin condenas; y a eso me quería referir brevemente en estos minutos que dispongo.

   Ustedes saben que en noviembre de 1945 se llevó adelante o inició, el famoso Juicio de Núremberg, en donde un tribunal militar compuesto por jueces estadounidenses, soviéticos, franceses y británicos, juzgaron a una veintena de los máximos líderes del nazismo. Y allí entonces, en ese proceso y en esas condenas, implícitamente hubo por lo menos una docena de altos jerarcas que eran directos responsables de lo que había sido la Shoá y que fueron condenados a muerte en ese tribunal.

   Empezando por el número 2 del régimen nazi: Göering; siguiendo por su Ministro de Relaciones Exteriores: Ribbentrop; el líder por debajo de Himmler de las SS: Ernst Kaltenbrunner; los jefes militares Keitel y Jodl; el director del diario antisemita “Der Stürmer”: Julius Streicher; el gran ideólogo del régimen nazi: Alfred Rosenberg; el líder del régimen nazi en la Holanda ocupada, responsable de la deportación de 100.000 judíos holandeses: Arthur Seyß-Inquart; todos ellos fueron condenados, si bien es cierto que no directamente por crimen de genocidio (porque todavía no se había acuñado ese término en Derecho Internacional), sí por crímenes contra la paz y por crímenes contra la humanidad.

   Pero más allá de este primer juicio, entre 1945 y 1948 se llevaron adelante otros juicios militares por parte de tribunales británicos y norteamericanos, específicamente relacionados con el Holocausto.

   Hubo un juicio muy importante contra los Einsatzgruppen, que eran los responsables de los fusilamientos en la Unión Soviética, y allí un máximo líder SS responsable del asesinato de un cuarto de millón de judíos en el sur de la Unión Soviética: Otto Ohlendorf , fue condenado a muerte junto con otros líderes SS.

   Luego dos empresarios proveedores del producto químico que se utilizaba en las cámaras de gas en Auschwitz, también fueron condenados a muerte en 1947 por  un Tribunal británico.

   Paralelamente, en Cracovia, es decir en Polonia, en la ciudad cercana a Auschwitz, el estado Polaco llevó adelante un juicio oral, tal vez el más fuerte, el más importante relacionado con estos acontecimientos. En ese juicio llevado adelante en Cracovia en 1947, se dictaron 20 penas de muerte, relacionados con los hechos que ocurrieron en Auschwitz y en Plaszów, un campo de concentración en Cracovia.

   Entre ellos fue condenado Rudolf Höss el  comandante del campo de Auschwitz, y Amon Göth, el comandante también del campo de concentración de Plaszów. Se dictaron 8 penas de prisión perpetua y 12 penas de prisión temporal.

   Bien, a partir de ese entonces hasta 1949, se dictaron en la Alemania de la posguerra unas 4.000 condenas relacionadas con los crímenes de guerra y crímenes contra la paz y crímenes de lesa humanidad.

   Luego de un paréntesis de aproximadamente 15 años, en la cual el ritmo de los juicios en Alemania se ralentizó (se hizo más lento) por razones políticas, la cuestión de la guerra fría, etc.; a partir de los años 60 retomó ímpetu y recomenzaron los juicios, especialmente relacionados con el Holocausto.

   Hubo un juicio muy importante en la ciudad de Frankfurt en 1963, en donde también se investigaron autores del campo de exterminio de Auschwitz. Allí se dictaron 18 condenas más, relacionadas con criminales de este campo; y también hubo muchos otros juicios orales en otras ciudades de Alemania, relacionados con campos de exterminio, con campos de concentración, con guetos y con fusilamientos en el Este.

   En total, según un experto alemán, Gerhard Verlag, en estos juicios, se calcula que hasta el día de hoy se llevaron adelante unos 500 juicios relacionados con lo que fue el Holocausto.

   Es decir, Alemania y otros países de Europa han llevado verdad y justicia; y no solamente memoria, sino también juicio y castigo a los responsables de este crimen que ha marcado para siempre la historia de la humanidad, y que es –sin duda– el punto de partida para lo que fue después la construcción de la Convención contra el Genocidio y otras cartas internacionales de Derechos Humanos y de Derecho Internacional.

   Obviamente, hoy en día ya, atentos al paso del tiempo (ya llevamos más o menos 70 años desde la finalización de la guerra), los perpetradores ya no viven prácticamente; y así también nos estamos quedando sin sobrevivientes de aquellos episodios, testigos de aquellos episodios; y por lo tanto, la etapa de juicio y castigo respecto a los crímenes del Holocausto ya va cerrándose.

   ¿Qué es lo que nos queda, entonces, para nosotros, para las nuevas generaciones? Bien, nos queda seguir defendiendo y buscando y divulgando los hechos, conociendo la historia, combatiendo el fenómeno del negacionismo y del relativismo, de lo que fue el Holocausto, o combatiendo el fenómeno del neonazismo o del antisemitismo; que muchas veces está vinculado con la negación del Holocausto.

   Yo creo que defender y buscar la verdad de aquellos acontecimientos, y honrar la memoria de las víctimas, de los “justos”, de los mártires, que lucharon contra ese régimen fascista y que se alzaron y resistieron contra el totalitarismo; defender y divulgar esa verdad, y honrar la memoria de ellos, es también una manera de hacer justicia.

   Y en ese sentido, entonces, celebro que se lleven adelante foros como este en toda América Latina; porque a través de estos foros y a través de la presencia de todos ustedes –y así lo mismo va a suceder en los foros que se van a llevar adelante de ahora, más, en otros países hermanos– estamos contribuyendo en definitiva a mantener la verdad, a preservar la memoria y a hacer justicia con estos acontecimientos.

   Muchas gracias.