Dr. William Soto | La preservación de la verdad histórica: un imperativo para honrar la memoria de las víctimas del Holocausto

Dr. William Soto | La preservación de la verdad histórica: un imperativo para honrar la memoria de las víctimas del Holocausto

A todos los panelistas e invitados especiales, muy buenos días.

La preservación de la verdad histórica: un imperativo para honrar la memoria de las víctimas del Holocausto

La verdad histórica tiene varias características, entre ellas las siguientes: es cruda, universal, inalterable, permanente, fundamentada y coherente.

Un recuento manipulado de los hechos no se corresponde con la verdad histórica. Se falta a la verdad cuando se niega lo evidente, o cuando sin negar los hechos, estos se tergiversan, se minimizan, o se agregan circunstancias inexistentes pero relevantes para garantizar la impunidad de personas, pueblos o Estados que también pueden ser coautores o cómplices de lo sucedido; los “hombres de atrás”, como los identifica la doctrina penal.

Las cámaras de video utilizadas durante la Segunda Guerra Mundial grabaron la cruda verdad histórica. Y si está registrada la verdad con imágenes, testimonios y objetos que hoy podemos ver en los diferentes museos del Holocausto y a través de los medios de comunicación, debemos enseñar con objetividad tal como ocurrieron los hechos, para no tergiversarlos, no minimizarlos ni negarlos. Debemos usar las imágenes y, en general, todos los documentos registrados (tanto por los miembros del ejército nazi como por los soldados del ejército aliado), como un testimonio de la verdad histórica a la cual tienen derecho todas las víctimas y todas las naciones. Las víctimas no solo tienen derecho a la justicia y a la reparación del daño; también tienen derecho a la verdad y a la memoria.

Los testimonios de los supervivientes del Holocausto reiteran la verdad que evidencian los documentos históricos. Por esa razón, la Embajada Mundial de Activistas por la Paz, con el proyecto “Huellas para no olvidar”, registra sus testimonios honrando la memoria de las víctimas. Y si bien la barbarie no se puede explicar, sí se pueden palpar sus consecuencias, se puede estudiar, y por ende, sí se puede prevenir.

El registro del Holocausto y de la mayoría de genocidios ha sido elaborado por los mismos perpetradores. Es evidencia aportada por los victimarios, quienes sonriendo morbosamente documentaron la atrocidad genocida. Fueron los mismos victimarios quienes hicieron del Holocausto el genocidio más documentado de la historia, ocurrido durante la Segunda Guerra Mundial. Es el paradigma del genocidio, ocurrido en el siglo XX, siglo calificado por su violencia como “el siglo de los genocidios”.

Sin embargo, lo que ha avanzado del siglo XXI hasta ahora no es halagador. Los niveles de violencia, irracionalidad, intolerancia y odio étnico pintan un panorama oscuro para el mundo en lo que resta de este siglo. Hoy, en varias latitudes, estamos viviendo las señales de alarma de las amenazas de genocidios que paulatinamente se han venido fraguando.

En la época de perpetración del Holocausto los judíos fueron marcados con una Estrella de David; para esa época, signo de discriminación y de muerte. Hoy los extremistas en Siria e Irak están marcando los hogares de los cristianos con la letra “N” o letra “Nun” del alfabeto árabe, letra inicial del término despectivo “nazareno”, lo cual traduce una sentencia de muerte si no huyen o se convierten al Islam.

Hitler en su época difundió la fe en una raza superior, con capacidad para conquistar su “espacio vital” y dominar el mundo. Hoy grupos extremistas consideran que han de ser ellos la raza superior, quienes gobiernen al mundo imponiendo su ideología. Y todo aquel que se oponga o no comparta su tesis, es identificado como “infiel”, sinónimo de enemigo y objetivo militar.

Hitler decidía qué vidas merecían ser vividas y quiénes debian ser exterminados. Hoy vemos esa misma ideología en el pensamiento radical y extremista. ¿No es este un genocidio contra los cristianos y contra los miembros de otras religiones en pleno siglo XXI, ante la pasividad del mundo, que demanda la intervención de la Organización de Naciones Unidas?

Son variadas esas señales de alarma. Aunque no existen guerras oficialmente declaradas, aumenta el número de conflictos armados; las ideologías extremistas y fundamentalistas, con criterios radicales, elevan los niveles de violencia y de discriminación contra grupos minoritarios; gobiernos radicales reprimen y encarcelan a los estudiantes que protestan, generando el sufrimiento de sus padres y zozobra en la comunidad; cada vez es mayor el número de refugiados y de desplazados por la violencia; el número de víctimas de los conflictos bélicos aumenta cada año. Las señales de alarma de la eventual comisión de genocidios afloran en las páginas de los diarios.

Según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, actualmente se despliegan 13 conflictos armados en el mundo, y el año 2014 registra 3.687 personas fallecidas más que en el año 2013.

Algunas personas dicen que si hubieran vivido en la época del Holocausto se habrían pronunciado o se habrían solidarizado con las víctimas; sin embargo, ante la violencia y discriminación actual, basta mirar lo que se está haciendo hoy para comprender lo que se habría hecho de haber estado en el lugar de los hechos del pasado. En lugar de viajar a través de la historia para imaginar lo que se habría hecho ante la violencia pasada, es mejor, mucho mejor, conveniente y necesario, pronunciarse y ser proactivos en el momento actual, para denunciar y contrarrestar el odio étnico y la violencia contra grupos minoritarios.

Si hoy usted es espectador de la violencia que vive el mundo, allá en el pasado también lo habría sido. Si hoy usted es proactivo, allá también lo habría sido. Por eso la pregunta obligada ante la irracionalidad, discriminación y violencia extrema que evidencian los diarios, es: ¿Usted qué está haciendo?…

Mi llamado es a la solidaridad con todos los miembros de la familia humana. Si somos familia debemos cuidarnos unos a otros. Si no hubiera solidaridad y ayuda mutua, no habría familias, solo personas individualistas y egoístas.

Debemos contrarrestar esa semilla de odio y de discriminación que hoy abunda en el mundo, con una educación en valores, una educación fundamentada en el amor y el respeto al prójimo. Debemos ser proactivos para que en el mundo entero se aprueben leyes antidiscriminación, se contrarreste el negacionismo y se honre la memoria de las víctimas del Holocausto y de todo genocidio, preservando la verdad histórica; pues como siempre lo he sostenido: “Es mejor educar para prevenir, que juzgar para castigar”.

Muchas gracias