Dr. Weilder Curvelo | Foro "Educar para Recordar" en la Universidad de la Guajira, Colombia



Dr. Weildler Guerra Curvelo, Antropólogo y Magíster en antropología de la Universidad de los Andes, con estudios de doctorado en esa misma Universidad; ex-secretario de asuntos indígenas en el departamento de la Guajira; ex-director del Observatorio del Caribe colombiano; premio nacional de cultura en el año 2001, en el área de Antropología con la obra “La Disputa y la Palabra; la Ley en la Sociedad Wayuu”; autor del libro “El Poblamiento del Territorio”, año 2008; columnista del diario “El Espectador”; miembro correspondiente de la Academia Colombiana de Historia; Gerente del Banco de la República - Sucursal Riohacha.

Quiero saludar al señor embajador internacional de la paz, William Soto Santiago; al Dr. Camilo Montoya; al señor representante del gobernador, el Dr. Wilson Rojas; al Dr. Nelson Manjarréz, Alberto Celedón; a mi compañero, amigo y hermano Wayúu, Ernesto Hernández; a todas las autoridades indígenas presentes y a todos los ciudadanos que asisten a este acto.

Han pasado 69 años del Holocausto y cuando la filósofa Hannah Arendt fue al juicio de Eichmann en Israel, uno de los grandes criminales nazis, quedó asombrada; porque quiso encontrar un monstruo y encontró a un burócrata eficiente, a una persona que era despreciada por sus colegas nazis, a un ser humano controvertible y sencillo y de allí ella acuñó la palabra o la expresión: “banalidad del mal”.

En el sentido de lo burocrático y lo tecnocrático que puede ser el mal, de la mediocridad que puede haber en el mal, más que esa barbarie brillante, esa crueldad monstruosa, había un pequeño hombre de Alemania relativamente tímido, malvado, pero que cumplía sus terroríficas funciones como un burócrata tramita un documento en una sociedad.

Y han pasado pocas semanas de lo que sucedió en Iguala, en México: 43 estudiantes fueron desaparecidos y asesinados porque un alcalde y su esposa consideraron que podrían ser una amenaza para la campaña a esa localidad mexicana; y esa tragedia de Iguala plantea, como México que se creía moderno y en el cual regía el Estado de derecho, no estaba exento de que ocurrieran este tipo de atrocidades inimaginables, que por un pequeño cacique local la vida de cuarenta y tres estudiantes haya sido cegada, no tiene la menor de las justificaciones.

Han pasado varios años desde el 2004, aquí en Bahía Portete, aquí en la Guajira, se cometiera la atrocidad de matar mujeres Wayúu, de asesinarlas, de desaparecerlas, por un grupo de facinerosos que se hacían llamar: “héroes”, se hacen llamar “héroes” y que tratan de convertir el genocidio en batalla, que son los paramilitares.

Esto nos muestra y nos lleva a una pregunta: ¿qué es civilizado y qué es ser bárbaro? Civilizado, nos dice el pensador Tzvetan Todorov, es aquel que reconoce plenamente la humanidad el otro. Bárbaro, es aquel que niega la humanidad del otro; en ese sentido, no es civilizado ni aquél estado, ni aquella sociedad tecnológica, demográfica o económicamente más poderosa que otra. La Alemania Nazi es una sociedad bárbara, porque niega la humanidad del otro.

Muchos de los pueblos indígenas, casi la totalidad de ellos, siempre tienen un lugar en su conjunto mítico para el otro, llámese Quetzalcóatl o Bochica, siempre hay un lugar para el otro; y nunca está en duda reconocer que hasta el más radical de los adversarios es humano.

Entonces, encontramos que tenemos que cambiar la vieja idea de civilización y de barbarie, que no tiene nada que ver con el tamaño de la economía, ni el tamaño de la tecnología, ni lo avanzado del poder militar; sino simplemente con la capacidad de reconocer plenamente la humanidad del otro.

Y la condición de persona, que es supremamente interesante. En occidente la condición de persona está adscrita exclusivamente a los seres humanos; en la mayoría de las sociedades indígenas, la condición de persona no es exclusiva de los seres humanos, la humanidad es solo una de las manifestaciones de la personalidad, porque la personalidad implica, capacidad de agencia, conciencia, intencionalidad y código moral.

En ese sentido las plantas y los animales son personas, porque tienen capacidad de agencia, los vientos en el mundo Wayúu son personas, porque tienen capacidad de agencia, conciencia y código moral. En occidente consideramos que los seres humanos somos organismos biológicos y personas, compartimos con los animales un taxón biológico y consideramos que los animales son sólo organismos biológicos.

En las sociedades indígenas, los animales y las personas comparten una condición mayor, esa condición de poder actuar, pensar y de incidir en el mundo. Por poner un ejemplo, todos los seres vivos participan del universo, en la concepción indígena, y son seres atentos al universo, en los universos perceptuales del cazador y de la presa existen ambos: el cazador que sigue las huellas de un venado, encuentra que ese venado ha dejado una huella, un rastro en el universo y tiene un comportamiento, el venado que siente al cazador, huele sus secreciones, lo huele, lo percibe y también lo identifica en su universo y cambia su actitud por la presencia de ese ser humano, porque sabe que está siendo perseguido.

Entonces, tenemos una red cósmica en donde hay seres vivos que están atentos al universo, esto implica entender ese sentido de la condición de persona.

La palabra es esencial a la condición de una sociedad civilizada, el lenguaje va mucho más allá de una forma de comunicación; el lenguaje es transformador de las relaciones sociales. Con nuestra actitud violenta, con un lenguaje violento creamos relaciones conflictivas; con un lenguaje pacífico, con un lenguaje de convivencia, creamos y sostenemos pacíficas y constructivas relaciones sociales hacia los otros. Así que en este sentido, campos de la investigación lingüística y antropológica como la pragmática, tratan de profundizar en el carácter instrumental y constructivo de la comunicación lingüística.

Los discursos persuasivos: si hay algo que caracteriza al pueblo Wayúu, es considerar que la palabra tiene un peso corpóreo como lo puede tener un metal, es decir, que la palabra puede transfigurar los hechos y puede cambiar la conducta humana para favorecer la conciliación; y una actitud que se basa en producir argumentos y razonamientos eficaces, son todos estos elementos que caracterizan a la praxis social a través del lenguaje.

En este sentido, la palabra y la educación nos hace ciudadanos cabales, es decir, que somos además de ciudadanos, seres que tenemos imaginación y criterio propio, que somos capaces de tener una visión crítica del universo, pero que también somos seres que debemos que sentir la compasión hacia los otros y entender sus logros y entender sus sufrimientos.

Si algo es fundamental en nuestra sociedad actualmente, es esta dimensión ética de la memoria. En 1991 el presidente Patricio Aylwin de Chile, había divulgado el resultado de la Comisión de la Verdad, e inmediatamente el ejército chileno reaccionó frente a los atroces hechos que se cometieron en Chile y el argumento fue: “lo hicimos para salvar la Patria” y el presidente Aylwin le dijo: “hay una diferencia entre la verdad actual, la verdad de los hechos y la interpretación ideológica”.

La verdad actual, es que ustedes violaron todas las leyes de Chile, violaron convenciones universales de protección de Derechos Humanos, la interpretación que hagan es ideológica y atañan sus conciencias; pero la realidad es que antes la Normatividad Nacional Internacional ustedes cometieron delitos atroces y eso no está en discusión.

Lo otro, está ligado a su fuero íntimo y a su ideología, pero la verdad actual era esa. Existe una política del olvido, nosotros hemos escuchado hasta presidentes negar la existencia del Holocausto, gobernantes, pensadores, organizaciones y eso, ¿qué busca la política del olvido? Busca abolir el pasado, para abolir la posibilidad de ser juzgados y anular las exigencias normativas de las víctimas, hay unas políticas de olvido.

¿En qué se basan las políticas de olvido? En Colombia por ejemplo, hay tres dispositivos para anular la memoria, el primer dispositivo en cursivo en Colombia es el relato de los dos demonios, lo que pasó en este país fue que dos demonios: la guerrilla y los paramilitares, se enfrentaron y como resultado de ese enfrentamiento, se produjeron las víctimas que hoy tenemos en el país.

El Estado inmaculado, neutral, no tiene nada que ver con eso; por el contrario a quien le toca restaurar el resultado de esta confrontación entre estos dos demonios.

Lo que se olvida con eso, es que se crea una simetría entre perpetradores y víctimas y se desconoce que no fueron enfrentamientos lo que ocurrió en Bahía Portete allí en el Salado, sino justamente la aniquilación de seres humanos inermes, de seres humanos desarmados, de seres humanos de comunidades como nuestras mujeres en Bahía Portete, que no estaban en posición de defenderse; y que quienes estaban con el deber de defenderlos no lo hicieron, sino que colaboraron con los perpetradores, como ocurrió en nuestra Guajira.

Lo que quiere decir, es que la mayoría de las víctimas no fueron de grupos armados sino sindicalistas, campesinos, indígenas, artistas, esas fueron las víctimas principales y han sido las víctimas principales.

El otro dispositivo que utilizan para honrar la memoria, es la horizontalidad de las víctimas y los perpetradores.

Es que resulta que estas víctimas vienen de un pasado de violencia, llevan la violencia en sí misma y resulta que entonces las víctimas se vuelven perpetradores; y por lo tanto, es una cadena cíclica en la cual se coloca también en igualdad a las víctimas y a los perpetradores.

Y el tercer dispositivo, es la asimilación de la víctima a lo patológico, lo irreflexivo y lo racional, lo irracional.

En este sentido, la memoria es juego decía Pinochet, “la memoria es juego,” el país no puede volver atrás, hay que voltear la página decía Pinochet. Pasemos esa página de la historia, porque podríamos revivir el fuego de la confrontación y por lo tanto, necesitamos el olvido que es agua sobre las cenizas.

Por supuesto lo que intentaba esto, era lo que ya decía: abolir el pasado para abolir la posibilidad de ser juzgados y anular además esas exigencias normativas de las víctimas.

Por ello, Naciones Unidas y la Comisión de Derechos Humanos en 1997, estableció el Principio del Derecho a la Verdad y el deber de memoria, el derecho a la verdad y a saber que tiene la víctima; pero además hay un deber colectivo, que este si ataña toda la sociedad: y es que lo que se hizo contra las víctimas, hace que realmente más que un número de personas, sea la sociedad también la víctima, hay una sociedad víctima de todas estas acciones.

Por lo tanto, el deber de memoria ataña lo público y ataña toda la sociedad y este deber de memoria implica ceremonias conmemorativas sobre este tipo de actos inhumanos, reconocimiento público, monumentos, pero no podemos olvidar.

Porque además tenemos que buscar un ejemplo de toda esta situación: la no repetición. Y hay además un punto fundamental y es el tema de territorio y de la paz, la verdad es que no podíamos entender la paz sin el territorio.

Tenemos que distinguir entre tierra y territorio, la tierra como mera extensión física, la tierra medida en acres, en hectáreas, en metros cuadrados, la tierra que está en la lonja de bienes raíces, del territorio ese espacio socializado y sensibilizado por la acción de los seres mitológicos, pero también de los seres humanos.

Cuando uno mira el territorio guajiro, uno no lo puede entender sin Epits, sin itomo y sin jamaichi, estos tres hitos del territorio guajiro le dieron forma a todo este territorio que hoy es la Guajira. Ellos son los hitos de este territorio y el territorio provee a los seres humanos de un origen, pero también de un destino, como lo sabemos los wayúu cuando al nacer ya conocemos el cementerio en donde debemos ser enterrados.

Estos lugares, estos hitos geográficos que están en el territorio, son marcadores históricos sobre el paisaje, que simbolizan y nos traen de manera vigorosa eventos del pasado, que está protagonizado por estos seres humanos y seres mitológicos haciendo el pasado tangible y permanente.

Al destilar estos sucesos del pasado, extraordinarios o cercanos en una geografía actual, estos lugares logran cruzar el tiempo, haciendo accesible el pasado a quien no lo han vivido directamente. Cada vez que vemos un cerro como hito, o vemos un cementerio y recordamos memoria, traemos el pasado de vuelta, cada vez que hacemos un segundo velorio el pasado regresa para ese ritual, de manera que lo hacemos tangible y permanente y le permitimos a las nuevas generaciones acceder al pasado a través del ritual.

Para los wayúu la tierra tiene diferentes tamaños, para los geógrafos occidentales se puede medir en kilómetros cuadrados, millones del kilómetros, para los wayúu no. La tierra para los wayuu, para el ser manso y pacífico es ancha, casi sin límites; pero para el ser conflictivo ve la tierra reducirse a sus pies, ve la tierra empequeñecerse, no importa cuán poderoso sea.

Pablo Escobar, el planeta de Pablo Escobar fueron dos láminas de eternit en un patio, en un techo en Medellín, eso fue su planeta, en el último momento de su vida, a eso se redujo la tierra.

Entonces la tierra tiene diferentes tamaños, por eso, los wayúu dicen: compra la libertad de los caminos, la paz es la libertad de andar por los caminos, caminos que no son accesibles para el ser controvertido.

Pero además hay algo fundamental para finalizar, el país vive un proceso de paz que todos los colombianos anhelamos pasar a ese nuevo orden y dejar atrás la violencia, pero hay algo que nuestros gobernantes no deben olvidar y lo que no deben olvidar nuestros gobernantes, es aquel concepto del pensador holandés en su libro nobleza de espíritu, que dice:

“Obtener y luchar por la paz no es suficiente, ni es suficiente obtener los derechos fundamentales derivados de la paz, ni la prosperidad económica; el reto a la luz de la historia, es darle sentido a esa conquistas.”



Gracias.

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Fecha: 
access_time Mar, 11/25/2014 - 00:00