Discurso en Paraguay: Congreso Internacional Docente, “Educar para Recordar”.

Discurso en Paraguay: Congreso Internacional Docente, “Educar para Recordar”.

Asunción-Paraguay, 14 de octubre, 2014

En esta oportunidad quiero compartir con cada uno de ustedes  educadores un tema que ha estado relegado a un tercer plano en muchas agendas internacionales, pero que es de fundamental importancia para producir un cambio en la situación actual del mundo, convulsionado por la violencia que genera la falta de valores en que vive la humanidad. Me refiero al “poder de la educación”.
 

1.- El poder de la educación

“La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”. Esta frase de Nelson Mandela expresa la importancia de la educación en el proceso de aprendizaje de los seres humanos y –por ende– en la formación de sus ideas y pensamientos, que luego se ven reflejados en sus acciones, las cuales impactan la forma de vida de la sociedad, y consecuentemente en la forma de ser del mundo.

Actualmente la raza humana atraviesa una crisis de valores que ha desencadenado extremas manifestaciones de violencia, la pérdida del respeto por la vida, por la dignidad humana, y la falta de sensibilidad y solidaridad con el prójimo. Tanta insensibilidad e intolerancia nos lleva a pensar y repensar en el proceso de formación al cual están expuestos nuestros niños y jóvenes, quienes en muchos países pasan en la escuela más de 7 horas al día, recibiendo un cúmulo de información sobre diferentes disciplinas y destrezas. Es la intensidad y frecuencia de ese proceso de formación, lo que nos da la certeza de que la educación –sea pública o privada– juega un papel determinante en la formación de las capacidades y habilidades del ser humano, pero también en la formación de la conciencia individual y colectiva.

Hoy en día existe una educación básica gratuita, al alcance de la mayoría de la población, y una proliferación de centros educativos de alto nivel donde los niños y jóvenes adquieren mayor conocimiento, información y tecnología. Paradójicamente vemos cómo han crecido los índices de criminalidad y la falta de humanidad. Por la violencia que exhibe el mundo actual, pareciera que mientras más conscientes estamos del mal y sus consecuencias, más nos acercamos a él.

Ante este panorama de violencia, cabe preguntar: ¿qué tan eficiente y eficaz ha sido el sistema educativo actual? ¿ha llegado a ser obsoleto para nuestro tiempo?

El sistema educativo actual fue diseñado para una época diferente a la nuestra; una época marcada por la Revolución Industrial, pues antes de la mitad del siglo XVIII no existía sistema educativo público y gratuito; hasta aquel entonces la educación era privilegio de unos pocos.

Con posterioridad a la llamada época del Oscurantismo, de manera imperceptible se fue adoptando lo que hoy se conoce como “modelo educativo”, fundamentado en las orientaciones ideológicas del sistema económico, las costumbres sociales y la religión de cada país o continente. La educación actual se ha caracterizado por el adoctrinamiento con ideas aceptadas socialmente, y la imposición de puntos de vista e ideales determinados, que responden a esos intereses económicos y sociales, que luego son reforzados por los mensajes de los medios de comunicación.

La historia evidencia que la educación como simple transferencia de conocimientos es, además de deficiente, ineficaz para lograr una cultura de paz y de respeto de los derechos humanos. Hemos visto en muchos casos crímenes contra la Humanidad y genocidios perpetrados por líderes académicamente muy bien preparados. La historia muestra destacados profesionales llevando a cabo actos de discriminación, intolerancia y violencia contra diferentes grupos minoritarios conformados por personas consideradas “diferentes”. Y constantemente las noticias del mundo muestran a jóvenes formados en las mejores universidades y en los más importantes centros de estudio, involucrados en hechos vandálicos producto del odio, la discriminación y la intolerancia.

Precisamente a través de la educación, deben repasarse los ejemplos que nos da la historia, buenos y malos, y procurar un modelo que ayude a formar adecuadamente a ciudadanos de paz, porque hasta el momento tal modelo no existe; por el contrario, nos hemos ocupado de la educación como transmisión de conocimientos y hemos asumido la paz como un anhelo y no como lo que realmente es: una necesidad y ante todo un derecho para todo ser humano.

Uno de los ejemplos de cómo se ha utilizado la educación con perversos propósitos, es el Holocausto. Hitler utilizó la educación como herramienta de adoctrinamiento ideológico acerca de una supuesta superioridad racial, para sembrar el odio, para formar una generación violenta, intolerante, insensible y desigual.La educación impartida formó personas capaces de cometer  los peores crímenes, producto de la insensibilidad y la falta de  respeto por la vida.

Hitler educó para la guerra. La idolatría al Fuhrer condujo al pueblo a la obediencia ciega. Por ello pocos cuestinaron la orden de exterminio de un pueblo indefenso. Al contrario, la acataron sin dubitación alguna. Si bien Hitler sembró el odio en el corazón de sus seguidores, lo que a la postre condujo a la atrocidad genocida, nosotros también podemos educar para la paz, sembrar la semilla de amor por la vida a partir del respeto por la dignidad humana. Nosotros también podemos educar sobre la base del respeto por las diferencias. Con una educación fundamentada en valores éticos y principios constitucionales, podemos formar personas que convivan  armónica y pacíficamente, en medio de las diferencias ideológicas, políticas, económicas,  religiosas y culturales. Y depende de cada uno de nosotros tomar esa herramienta tan poderosa como la educación para promover la paz de la familia humana.

¿Cuál debería ser el objetivo del sistema educativo?

El modelo educativo que propongo debe ser integral y holístico para el desarrollo del ser humano a plenitud, y su interrelación armónica con la naturaleza y con sus semejantes. El proceso de aprendizaje también es un proceso de formación. El proceso educativo es ante todo proceso constructivo. Como tal, tiene que ofrecer alternativas al individuo, a la familia y a la comunidad, para armonizar y equilibrar su existencia alcanzando la paz;la paz interior, que luego se reflejará en una vida de relación respetuosa de sus semejantes.

La educación debe ser un proceso continuo de crecimiento para la superación integral del ser humano.La educación debe tener como objetivo formar personas integrales que con su diario trasegar contribuyan a la construcción de una cultura de paz en la sociedad y en el mundo.

El objetivo del ser humano es la felicidad; sin embargo, no hay felicidad sin paz. No hay paz en una nación si no se respetan los Derechos Humanos de los ciudadanos. Y para vivir en una sociedad donde se respeten los derechos fundamentales, es necesario que las personas sean educadas con este fin.

“En la educación está la semilla del bien y del mal: Se educa para la paz o para la guerra, para el bien o para el mal”.

Todo lo anteriormente expuesto, nos muestra que para formar personas más humanas que contribuyan a la construcción de la paz, se precisa de un nuevo sistema en la educación: La Educación del siglo XXI para la Paz del ser humano integral y de las naciones.

 

2.- ¿Cómo se educa para la Paz?

La educación para la paz requiere de cuatro actores principales: la persona, los padres de familias, los gobernantes y los profesores.

Primeramente tiene que existir el deseo en el individuo, de educarse para ser una persona de paz. Los padres son los que forjan la conciencia y los valores desde la cuna; son ellos quienes le enseñan a hablar a su hijo; son los primeros maestros del ser humano, quienes educan con su ejemplo. Además de los padres, tiene que existir en los gobernantes de la nación la voluntad para crear las condiciones de una educación valorada que supere la transmisión de conocimientos, para crear consciencia y cultura de paz; pues son los gobernantes y legisladores quienes implementan las leyes y regulan la vida de toda una nación.

 Por otra parte, el profesor juega un papel fundamental, ya que es el sembrador de la semilla, y como tal, un forjador de conciencias.

Existe un mecanismo, un diagrama que hay que seguir para poder obtener esa paz y en ese proceso el ser humano es el eje y actor principal. Las personas han olvidado que el ser humano es alma, espíritu y cuerpo; y cuando hablo de alma me refiero al corazón del ser humano, donde es sembrada esa semilla del bien o del mal, donde se depositan las raíces de amargura o de felicidad, donde son colocadas las cosas positivas o negativas que luego se verán reflejadas en las acciones.

Hasta ahora el ser humano en la sociedad a través de los sentidos del cuerpo, ha estado expuesto a mensajes y estímulos negativos y por medio  de los canales del espíritu como la imaginación, el afecto, la razón, la memoria y la conciencia, ha interiorizado una serie de antivalores.

Y es en el corazón donde la persona tiene la libertad de elección, con  base a toda esa enseñanza recibida. El ser humano tiene libre albedrío, libertad para escoger lo que va a asumir como sus creencias y valores y para proyectarlos a través de las acciones. En el ser humano la expresión de su personalidad y de su forma de ser comienza de adentro hacia fuera. Y si colocamos a través de los diferentes medios  una enseñanza negativa en el interior, que es lo que se va a exteriorizar, no podemos ver algo distinto a personas intolerantes, conflictivas, sin respeto por el prójimo, ni amor por la vida.

El ser humano no está conformado solamente por cuerpo físico y mente. El ser humano también tiene corazón, que es el depositario del alma, donde se siembran las cosas positivas o negativas. Si fuera solo el cuerpo físico, cuando éste muere, moriría con sus hechos; sin embargo, cuántas personas a pesar de estar muertas han dejado un legado valioso que ha impactado a la humanidad de manera positiva y constructiva.

Si se educa para la guerra, también se puede educar para la paz. A nuestros niños y jóvenes, debemos brindarles una enseñanza integral en todos los campos, para formar mediadores de paz, que se conviertan en agentes multiplicadores del respeto por las diferentes formas de pensar.

Definitivamente la educación es un poder. Y con el poder de la educación se forman abogados, médicos, ingenieros, periodistas y maestros, entre muchas otras profesiones; sin embargo, debemos usar el poder de la educación para formar personas de paz. Así como formamos profesionales en diversas áreas, con el poder de la educación también podemos formar personas máshumanas, mediadores de paz, activistas por la paz, y por ende, una sociedad igualitaria, justa, inclusiva y en paz. 

La educación está llamada a evolucionar de acuerdo a las necesidades del siglo XXI; por ello es necesaria la formación en la defensa de los derechos humanos, la promoción de los valores universales y principios constitucionales.

 

3.- El Holocausto paradigma del genocidio

Debemos educar para formar personas de paz. Y hay hechos de la historia que nos han dejado fuertes enseñanzas las cuales podemos rescatar. En esta oportunidad quiero presentarles una propuesta que hemos realizado en los  congresos de los diferentes países, de incluir como tema de estudio: “El  Holocausto, paradigma del genocidio”en el sistema educativo, en acatamiento de las directrices y exhortaciones de la ORGANIZACIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS.

En la Resolución 60/7 del 1° de noviembre de 2005, la Organización de las Naciones Unidas “insta a los Estados miembros a que elaboren programas educativos que inculquen a las generaciones futuras la enseñanza del Holocausto con el fin de ayudar a prevenir actos de genocidio en el futuro”. Y en la Resolución 61/255 del 26 de enero de 2007 “se rechazan las tentativas de negar el Holocausto, que, al ignorar el carácter histórico de esos terribles sucesos, aumentan el riesgo de que se repitan.”

Muchos de ustedes se preguntarán: ¿Y por qué estudiar específicamente El Holocausto como paradigma del genocidio?

Según los tratadistas de Derecho Internacional, el genocidio es el crimen capital. A su vez, según la ORGANIZACIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS, el Holocausto es el paradigma o referente universal para el estudio del genocidio. Vemos con preocupación que los jóvenes tienen poco conocimiento sobre el Holocausto, sobre los factores políticos, económicos y sociales que desencadenaron este crimen tan atroz, y sobre las enseñanzas que dejó al mundo. Es importante recordar y, ante todo, educar para no olvidar; porque como decía el filósofo George Santayana: “Aquellos que no recuerdan el pasado, están condenados a repetirlo.” 

Si bien han existido otros genocidios, el Holocausto dividió la historia de la sociedad civilizada en un antes y un después, porque el odio y la intolerancia que Hitler promovió y ejecutó, llegó hasta la deshumanización del hombre; usó la educación, la ciencia, la tecnología y la industria con fines de destrucción masiva.

Este hecho nos muestra que en las personas está la capacidad de tener las acciones más nobles con el prójimo, pero también la capacidad de cometer las peores barbaries. Y nos preguntamos:  ¿Qué factores provocan estas acciones irracionales tan negativas en el ser humano? La respuesta es compleja, pero hay algo que sí tenemos claro: el actuar del hombre es producto de lo que ha escuchado, ha visto y ha leído, es decir, de lo que ha aprendido a través de sus sentidos.

La  enseñanza del Holocausto como paradigma del genocidio no debe ir dirigida exclusivamente a la razón; debe también apelar al corazón de cada individuo, donde  se fortalecen todos los valores y principios éticos y morales que una vez introyectados son exteriorizados por cada persona en su entorno, al relacionarse con sus semejantes.

El Holocausto surgió en la mente de Hitler, quien utilizó la Educación como herramienta de adoctrinamiento. Sin el apoyo de los intelectuales el régimen nazi no habría podido llegar al poder ni tampoco conservarlo; fue de las filas de la intelectualidad, de donde se reclutaron las personas que dirigieron los crímenes nazis. Obviamente, la conclusión es que el conocimiento por sí mismo, no garantiza un enfoque humanístico de la vida, y que no hay nada tan peligroso como asesinos masivos inteligentes. Un pueblo puede ser muy culto, tener mucho conocimiento y ser maleducado, en la medida en que violente los derechos humanos.

Hitler y sus secuaces ejecutaron este genocidio en una de las naciones más civilizada, culta y científicamente adelantada para aquella época; y llevó adelante estos crímenes con la ayuda de científicos, médicos, académicos, entre otros profesionales, formados en los mejores centros de estudio. Una de las más fuertes enseñanzas del Holocausto es que la Educación como simple transferencia de conocimiento es insuficiente, y que se precisa de la formación en valores y en Derechos Humanos

Por lo tanto, LA EDUCACIÓN CON VALORES ES UNO DE LOS INSTRUMENTOS CLAVES PARA EVITAR QUE EL GENOCIDIO SE REPITA. Se puede educar para la guerra o para la paz; y actualmente los centros de estudio tienen una responsabilidad mucho más grande, ya que están educando a una generación que vive en una sociedad globalizada, con grandes avances científicos y tecnológicos, y con armas de destrucción masiva; por lo tanto, es fundamental que los niños y jóvenes reciban una enseñanza basada en el respeto al prójimo y el amor por la vida, para que tomen conciencia de que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y en derechos.

Otra de las razones por las cuales se debe enseñar acerca del Holocausto, es que este crimen internacional trajo consigo lecciones del pasado que tienen enseñanzas vivas para las presentes y futuras generaciones; hechos que aunque hayan acontecido en otro continente, permitirán a los estudiantes aprender acerca de las consecuencias de la intolerancia, el odio, la discriminación, los prejuicios, los estereotipos, la violencia, la falta de respeto por la vida y la dignidad humana; factores que provocaron el Holocausto y que, a pesar del tiempo transcurrido, podemos ver que son los mismos factores los que en nuestros países latinoamericanos han desencadenado una serie de problemáticas sociales.

Por otra parte, el estudio de “El Holocausto como paradigma del genocidio” ayudará al estudiante a identificar las señales de alarma frente al surgimiento de Gobiernos, grupos o personas extremistas o totalitarias, que con su intolerancia puedan desencadenar un nuevo delito internacional como el genocidio, los crímenes de lesa humanidad y los crímenes de guerra.

Después de los crímenes perpetrados por el régimen nazi, se hizo evidente la necesidad de prevenir actos de barbarie humana, poniendo en práctica la teoría de la responsabilidad individual y no sólo de los Estados. Con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial, fueron creados diferentes organismos internacionales destinados a reprimir los graves atentados contra los Derechos Humanos y promover el respeto por la vida, la justicia y la dignidad humana. Se creó, entre otros organismos, la Organización de Naciones Unidas y la Corte Internacional de Justicia; surgió un nuevo enfoque del Código de Ética Médica, con motivo de la evidencia aportada en el Tribunal de Núremberg; se acuñaron, entre otros, los conceptos de “crímenes de guerra” y “crímenes de lesa humanidad” en el Derecho Penal Internacional; y la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

En esta propuesta se enfoca el Holocausto como un referente histórico, como una herramienta que permitirá profundizar en las estrategias para prevenir el genocidio, y reflexionar sobre la importancia de una educación centrada en valores y principios, que permita a la sociedad ejecutar acciones en defensa de los Derechos Humanos para contrarrestar la violencia y la intolerancia, y para respetar la identidad de los grupos, así éstos sean minoritarios

¡¡El Holocausto dejó muchas enseñanzas universales!!

En este siglo XXI, los especialistas en Educación deben dar inicio a la tarea de discernir las lecciones de la experiencia, y proponer el diseño del sistema educativo que reúna las condiciones y requisitos para ser el modelo a seguir; aquel que además de ayudar a formar adecuadamente a los ciudadanos en habilidades y competencias, les eduque para la paz.Y con el apoyo de todos ustedes respetables profesores, desde el trabajo que realizan en favor de la familia humana, esta meta  será una realidad; porque es mejor educar para prevenir, que juzgar para castigar.