Discurso en la Asamblea Nacional de Panamá

Discurso en la Asamblea Nacional de Panamá

Martes, 6 de agosto de 2013

Asamblea Nacional de Panamá

Ciudad de Panamá, Panamá

 

        Honorable diputado Sergio Rafael Gálvez Evers, Presidente de la Asamblea Nacional; diputado Abraham Martínez Montilla, Primer Vicepresidente de la Asamblea Nacional; diputado Miguel Ángel Fanovich, Segundo Vicepresidente; honorables diputados y demás autoridades presentes. Muy buenos días.

        Agradezco la oportunidad que me ha dado la Asamblea Legislativa para presentar la propuesta de la Embajada de Activistas por la Paz, de incluir como materia de estudio “el  Holocausto como paradigma del genocidio” en el sistema educativo de Panamá.

        El Holocausto es una mancha de indignidad y oprobio en la hoja de vida de la raza humana; porque no fueron culpables de la muerte de aproximadamente veinte millones de personas solamente aquellos que perpetraron los hechos, sino también quienes al guardar silencio se convirtieron en cómplices de la barbarie.

        Por eso, aunque actualmente algunas personas y naciones pretendan ocultar o disminuir la dimensión de ese genocidio, estar reunidos hoy aquí y poder hablar sobre este crimen de lesa humanidad en la Asamblea Nacional de Panamá, es una forma de honrar la memoria de las víctimas.

        Testigos de Jehová, judíos, gitanos, homosexuales, disidentes políticos, discapacitados mentales, fueron considerados “no puros” por el régimen nazi. Lo que movió a los nazis fue una ideología racista: creían en una jerarquía de razas. Según esta teoría, algunas razas eran superiores mientras que otras eran consideradas “inferiores” o “parásitas”, y así justificaban el exterminio; una ideología que Hitler implantó desde las escuelas.

        Si bien han existido otros genocidios, el Holocausto dividió la historia de la sociedad civilizada en un antes y un después, porque Hitler llegó a la deshumanización del hombre; usó la ciencia, la tecnología y la industria con fines de destrucción masiva.

        En la Resolución 60/7 del 1° de noviembre de 2005, la Organización de las Naciones Unidas “insta a los Estados miembros a que elaboren programas educativos que inculquen a las generaciones futuras la enseñanza del Holocausto con el fin de ayudar a prevenir actos de genocidio en el futuro”. Y en la Resolución 61/255 del 26 de enero de 2007 “se rechazan las tentativas de negar el Holocausto, que, al ignorar el carácter histórico de esos terribles sucesos, aumentan el riesgo de que se repitan.”

        El genocidio no es inevitable ni es accidental. Es reconocido como uno de los crímenes más graves contra la humanidad y a la vez uno de los más graves atentados contra los Derechos Humanos.

        El HOLOCAUSTO es el paradigma por excelencia del acto genocida. Como tal, y en acatamiento de las directrices trazadas por la ORGANIZACIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS, el Holocausto debe ser objeto de estudio en las escuelas y colegios públicos y privados, así como en las universidades, a manera de cátedra transversal.

        A fin de prevenir la reiteración de crímenes de lesa humanidad debemos, desde los diferentes centros de estudio, fomentar una educación con valores, centrada en el respeto de la dignidad del ser humano, para que así los y las estudiantes aprendan el valor de la defensa de los Derechos Humanos, tomen conciencia de la importancia de construir caminos para la paz de la familia humana, y dimensionen las consecuencias de las guerras y de cualquier otra actitud beligerante o discriminatoria.

        El Holocausto no surgió en forma abrupta ni por casualidad. Fue el resultado de la educación con base en el antisemitismo. Es fruto del odio, de la discriminación y de la intolerancia. Ese genocidio fue el fracaso mayor de la educación global en universidades, escuelas y colegios, y el producto de la insensibilidad e irracionalidad políticas.

        Para que ocurriera ese genocidio hubo una preparación sistemática y un adoctrinamiento en función de la convicción errada de la existencia de una raza superior. Este “crimen capital”, como lo reconoce la historia, se cometió con ventaja, premeditación y alevosía, aprovechándose de la indefensión de un pueblo.

        La discriminación, el odio y la intolerancia, son los catalizadores que desencadenan  la explosión del genocidio.

        Hitler utilizó la educación como instrumento ideológico.

        El desarrollo del conocimiento científico y tecnológico no es suficiente para evitar la repetición de un hecho tan atroz como ese genocidio, que costó millones de vidas humanas. Hitler llevó a cabo estos crímenes en una de las naciones más avanzadas para aquella época.

        Por lo tanto, LA EDUCACIÓN CON VALORES ES UNO DE LOS INSTRUMENTOS CLAVES PARA EVITAR QUE UN NUEVO GENOCIDIO SE REPITA. Se puede educar para el odio o para la paz.

        La ORGANIZACIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS, a través de la UNESCO, en un estudio publicado al principio de este año en Francia, manifestó que los genocidios ocurren porque las personas y los gobiernos toman decisiones que permiten perpetuar la discriminación y las persecuciones.

        Cuando se estudia el Holocausto con detenimiento, se adquiere un sentimiento profundo de su complejidad y se toma conciencia de que esos acontecimientos no tienen una explicación simple, sino que son el resultado de la convergencia de una multiplicidad de factores históricos, económicos, religiosos y políticos que deben ser estudiados. A su vez, esto ayuda a entender que la prevención del genocidio y de las atrocidades masivas puede empezar con la identificación de las señales de alarma.

        Cuando los jóvenes estudien otros casos de genocidio y de crímenes contra la humanidad, entenderán que las catástrofes provocadas por el ser humano no son accidentes de la naturaleza; y por lo mismo, pueden ser evitadas.

        Nuestra meta como Embajada de Activistas por la Paz, es educar a las presentes y futuras generaciones, para que tomen conciencia sobre las consecuencias de la discriminación e intolerancia; y nunca más acontezcan crímenes contra un grupo de personas por discriminación racial, étnica, lingüística, cultural, idiomática, religiosa, de género  o de cualquier otra índole.

        Para lograr esa meta, quiero proponerles, honorables diputados, con el mayor respeto, que mediante una ley de la Asamblea Nacional se incluya el “Holocausto como paradigma del acto genocida”, como tema de estudio y de debate en los últimos grados en las escuelas, colegios, y como una materia o cátedra transversal en las universidades, como una forma de generar reflexión sobre el valor de la vida y de la dignidad humana.

        El genocidio se puede repetir. De hecho, en la actualidad están dadas las condiciones precursoras para que ocurra otro genocidio; lo cual es evitable, si concientizamos a la población mundial que no podemos ser indiferentes ni pasivos ante las circunstancias actuales de intolerancia y discriminación.

        En el Holocausto murieron aproximadamente 20 millones de personas frente a la indiferencia de autoridades y líderes políticos que pudieron evitar estos crímenes, pero prefirieron mantener el silencio. Y al ver el resurgimiento de grupos extremistas, especialmente neonazis, en América Latina y en Europa, nos damos cuenta de que estamos frente a las señales de alarma que nos convocan a la acción.

        Honorables Diputados: Ustedes tienen la libertad pero también la responsabilidad política y el compromiso ético y moral, de promover y promulgar leyes en defensa de los Derechos Humanos, que garanticen el derecho a la vida y proscriban toda forma de discriminación. La enseñanza de la génesis, historia y repercusiones del Holocausto como paradigma del genocidio concientizará a las nuevas generaciones de los estragos del odio, la intolerancia y la discriminación, y les permitirá identificar las señales de alarma para contrarrestarlas; y así prevenir la repetición de otro genocidio.

        Si esta propuesta es bienvenida entre ustedes, ofrezco toda la ayuda que la Embajada de Activistas por la Paz pueda brindar.

        Muchas gracias.

 

Dr. William Soto Santiago

Embajador Mundial

Embajada de Activistas por la Paz.