Discurso en el Congreso de la República de Colombia.

Discurso en el Congreso de la República de Colombia.

Jueves, 30 de mayo de 2013

Auditorio Luis Guillermo Vélez

Congreso de la República de Colombia

Bogotá D.C., Colombia

 

        Dr. Edgar Espíndola Niño, Segundo Vicepresidente del Senado; Sr. Yoed Magen, Embajador de Israel en Colombia; Sr. Maciej  Zietara, Embajador de Polonia en Colombia; Sr. Jean-Claude Vandoorne, Embajador de Francia en Colombia; Sr. Gunnar Schneider, Jefe de Cultura y Prensa de la Embajada de Alemania; Dra. Diana Wang; sobreviviente Sigmund  Halstuch; Rabino Yoshua Rosenfeld, Director de la Casa Lubavitch; cuerpo diplomático acreditado en Colombia, miembros de la comunidad  judía, señoras y señores, muy buenos días.

        Es una honra estar hoy en el Congreso de la República de Colombia, país que recientemente ha incorporado a su legislación, un estatuto de vanguardia a nivel internacional en lo que respecta a la defensa de los Derechos fundamentales, del respeto de la dignidad humana, con la expedición de la Ley 1482 de 2011 o Ley Antidiscriminación.

        Resulta sobresaliente la labor del Congreso de la República de Colombia que, en concordancia con los mandatos constitucionales y de Derecho Internacional que proscriben toda forma de discriminación, ha expedido la citada Ley, en la que, entre otras conductas, expresamente se establece como delito la apología del genocidio, que consiste en “difundir ideas o doctrinas que propicien o promuevan el genocidio o el antisemitismo, o de alguna forma lo justifiquen, o pretendan la rehabilitación de regímenes o instituciones que amparen las prácticas generadoras de esas doctrinas."

        Por eso es realmente destacable y digno de seguir, el ejemplo que da Colombia con esta Ley Antidiscriminación, mientras, en Europa, movimientos de extrema derecha en países como Grecia, Austria, Francia, van ganando terreno, sobre la base de la xenofobia y la inculpación de una mala economía a un grupo determinado, generalmente una minoría.

        Todo aquel que lea la historia del nazismo encontrará que hubo una trayectoria, unas fases o etapas en el discurso nazi, que progresivamente condujeron a la deshumanización de los judíos para desembocar en la llamada “solución final”. Al principio fueron sólo un revoltijo de expresiones antisemitas populistas para un auditorio de cervecería, que recogían las mentiras y mitos transmitidosde generación en generación, repetidos sin orden y propósito. Luego esas arengas fueron conformando una estructura, un sistema que cada vez expresaba (aunque todavía sólo verbalmente) un odio ancestral que achacaba la mala situación de la economía a los judíos, a quienes también se les culpaba de participar en una supuesta traición que habría causado la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial.

        El discurso se fue haciendo más virulento y exaltado. Se comparó a los judíos con bacilos que causaban enfermedades y se llamó a su eliminación. Cuando el nazismo tomó el poder, pasó a la acción eliminando primero a la oposición.

        Lo que sucedió después fue el genocidio de millones de hombres, mujeres y niños, asesinados por ser gitanos, comunistas, Testigos de Jehová y, a la mayoría de ellos, simplemente por ser judíos.

        Lo que empezó con arengas demagógicas en las tabernas de Münich,condujo directamente a los temibles hornos crematorios de Auschwitz y Treblinka.

        Pero notamos con preocupación en la Embajada de Activistas por la Paz, que las generaciones jóvenes desconocen casi por completo los hechos que dieron lugar al Holocausto, mientras que se reproducen en los medios de comunicación las voces que lo niegan, como la del actual presidente de Irán.

        Es por eso que nos parece muy ejemplarizante la expedición de la Ley Antidiscriminación por parte del Congreso colombiano, pues prohíbe las conductas discriminadoras originadoras de brotes de violencia racista y xenofobia que también se extienden de forma preocupante por algunos países de nuestro entorno latinoamericano.

        Los honorables legisladores de Colombia están siendo fieles a su obligación de expedir leyes justas que busquen la paz, la armonía, el bienestar y la prosperidad de sus conciudadanos. Leyes como la ley 1482 de 2011 o Ley Antidiscriminación,se convertirán en los bastiones contra la discriminación, el odio y la violencia.

        En ese sentido, también nuestra campaña “Huellas para no olvidar”es una forma de crear espacios de reflexión, especialmente en la juventud, sobre los hechos y consecuencias del Holocausto, pues como dijo el Secretario General de las Naciones Unidas tras la aprobación de la Resolución 60/7, que designó el 27 de enero como el "Día Internacional de Conmemoración anual en memoria de las víctimas del Holocausto," es “un importante recordatorio de las enseñanzas universales del Holocausto, atrocidad sin igual que no podemos simplemente relegar al pasado y olvidar.”

        Existe, adicionalmente, otra herramienta poderosa e importante para lograr ese propósito y es la Educación, pues a través de ella podremos en verdad, como especie humana, aprender las lecciones de la historia y evitar que la indiferencia sea la actitud común y corriente frente a la violación de los Derechos fundamentales. Que ante una amenaza semejante contra cualquier grupo de personas, ya sea por razones de religión, cultura o nacionalidad, el pueblo colombiano se levante en defensa de los Derechos humanos, que el pueblo colombiano se convierta en adalid de la paz, la armonía y la concordia entre las naciones.

        Para lograr esa meta quiero proponerles a los honorables senadores aquí presentes, con el mayor respeto, que mediante otra ley del Congreso se incluya el Holocausto como tema de análisis y de debate en los últimos grados de estudio en los colegios, y como una materia o cátedra transversal en las universidades; que convirtamos el capítulo más oscuro, la mancha negra en la hoja de vida de la humanidad, en el mecanismo más poderoso de reflexión y protección al valor de los derechos a la vida y la dignidad humana.

        Esta idea ya fue acogida por el Ministerio de Educación y Cultura de Paraguay, mediante la Resolución 684 del 20 de febrero de 2013, que adoptó esta iniciativa y declaró de interés educativo el proyecto “Huellas para no olvidar.”

        Si esta propuesta es bienvenida entre ustedes, ofrezco toda la ayuda que la Embajada de Activistas por la Paz pueda brindar.

        Muchas gracias, y de nuevo mis felicitaciones al Congreso de Colombia.

 

Dr. William Soto Santiago

Embajador Mundial

Embajada de Activistas por la Paz