Discurso: “Educación para la Paz” - Dr. William Soto

Discurso: “Educación para la Paz” - Dr. William Soto

Foros Universitarios “Educando para No Olvidar. El Holocausto, paradigma del genocidio”

Palacio Legislativo

Asunción, Paraguay

Lunes, 17 de marzo de 2014

 

Dr. William Soto.

Embajador Mundial de la Embajada de Activistas por la Paz

 

“Educación para la Paz”

 

Presidente del Congreso Nacional, senador Julio César Velázquez; Presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de la Honorable Cámara de Senadores, senadora Mirtha Gusinky; Directora General de Derechos Humanos del Ministerio de Relaciones Exteriores, ministra Nimia Da Silva; Cónsul Designado del Estado de Israel, abogado Alejandro Rubín; historiadora, profesora, Dra. René Ferrer; señor Jacques Horn, hijo de la sobreviviente del Holocausto Estera Brom; honorables diputados y senadores presentes, miembros del cuerpo diplomático acreditado en la República del Paraguay; autoridades académicas, señoras y señores; muy buenos días.

En esta ocasión destacaré la importancia y necesidad de una Educación para la paz, centrada en la verdad y en el respeto a la justicia, así como en los principios éticos, morales y constitucionales, propios de un Estado de Derecho respetuoso de la dignidad del ser humano.

La Educación es un poder. Es un poder que además de transmitir conocimientos y destrezas, transforma mentalidades, genera hábitos, y promueve valores y principios en el ser humano. La Educación es un proceso continuo para la superación integral del ser humano. La Educación, por ende, es un mecanismo fundamental para modificar sociedades y —consecuentemente— para cambiar al mundo en todas las esferas.

Durante la Segunda Guerra Mundial, en la Alemania nazi,  Hitler era plenamente consciente de la importancia de la Educación como un medio de adoctrinamiento ideológico que le permitiría alcanzar sus objetivos extremistas; por esa razón tomó control absoluto del sistema educativo. Tenía, entre otros mecanismos, un Ministerio dedicado a la educación del pueblo y a la manipulación de la propaganda.

Como parte de la reforma a los programas de estudio fueron puestos en circulación textos educativos con un contenido totalmente racista, antisemita y militar, en los que se enseñaba la obediencia ciega al régimen nazi, la admiración e idolatría hacia Hitler; mostrando a los judíos como una raza inferior, bastarda, parásitos que contaminaban y amenazaban la estabilidad económica y política de Alemania, pero, ante todo, que atentaban contra la pureza de la raza aria.

La difusión del odio contra el pueblo judío no se quedó en las cartillas escolares. También eran utilizadas canciones, cuentos infantiles, juegos, y hasta los juguetes, como medios para el adoctrinamiento antisemita.

En las escuelas debían permanecer las fotografías de Hitler en cada curso y los símbolos del régimen nazi, para enseñarles a los niños la devoción y el respeto al Führer.

Se puede educar para la guerra o educar para la paz. Hitler utilizó el sistema educativo para preparar una generación racista; niños y jóvenes que perdieron el respeto por la dignidad humana, mentalizados para la guerra, con el fin de defender los ideales nacionalistas.

Definitivamente la Educación es un poder. Y con el poder de la Educación se forman abogados, médicos, ingenieros y maestros, entre muchas otras profesiones. Con el poder de la Educación también podemos formar activistas por la paz, y por ende, una sociedad igualitaria, inclusiva y en paz. Debemos aunar esfuerzos para formar personas pacíficas, tolerantes y respetuosas de sus semejantes; personas conscientes de las diferencias, de las singularidades que dotan de identidad a todo ser humano; individuos que a través de la enseñanza conozcan y promuevan los valores universales, el respeto a la dignidad humana, los principios éticos y morales, y defiendan —ante todo— los Derechos Humanos.

La paz no es una utopía. La paz es más que un anhelo: es una necesidad. La paz es un derecho inalienable para todo ser humano.

Cuando hay conflictos, guerras y violencia, el dinero pierde su valor, los bienes materiales se deprecian. El éxito laboral y el conocimiento intelectual dejan de ser trascendentales en la vida de una persona cuya preocupación principal es la supervivencia en un mundo convulsionado por la violencia. De ahí que todos necesitamos tener la tranquilidad de una convivencia pacífica, armónica y segura, sin importar el lugar de origen, la condición socioeconómica, el grado académico o el país donde la persona viva.

El objetivo del ser humano es la felicidad. Sin embargo, no hay felicidad sin paz; y no puede haber paz, sin justicia; y no hay justicia sin verdad.

¿Cuál verdad­? La verdad a la cual me refiero es la verdad histórica, probada a través de las evidencias de los hechos. Una verdad que no debe ser tergiversada —en el caso del Holocausto— con discursos negacionistas o discursos que minimizan o relativizan ese acontecimiento innegable de la historia. La verdad que reclaman las víctimas del Holocausto. La verdad que demandan todas las víctimas del genocidio a través de la historia. Una verdad que no puede ser pervertida, como ocurrió en su momento con la desfiguración de la verdad, utilizando el Protocolo de los Sabios de Sion como instrumento para degradar la imagen del pueblo judío y justificar el exterminio.

No hay paz en una nación si no se respetan los Derechos Humanos de los ciudadanos; y no se puede vivir en una sociedad democrática donde se respeten los Derechos fundamentales si las personas no son educadas con este fin.

Entonces, todo radica en el poder de la educación; pero no solo aquella que se da en las escuelas y universidades, también aquella que se imparte en el núcleo familiar.

Debemos educar para la paz.

¿Y cómo se educa para la Paz?

La educación para la paz requiere cuatro actores principales: la persona, los padres de familias, los gobernantes y los profesores.

Primeramente tiene que existir el deseo en el individuo, de educarse para ser una persona de paz. Los padres son los que forjan la conciencia y los valores desde la cuna; son ellos quienes le enseñan a hablar a su hijo, son los primeros maestros del ser humano, quienes educan con su ejemplo. Además de los padres, tiene que existir en los gobernantes de la nación, la voluntad para crear las condiciones de una Educación valorada y no neutra; una Educación que supere la simple transmisión de conocimientos, para crear consciencia y cultura de paz; pues son los gobernantes y legisladores quienes implementan las leyes y regulan la vida de toda una nación. Por otra parte, el profesor juega un papel muy importante, ya que es el sembrador de la semilla, y como tal, un forjador de conciencias. Por eso Hitler utilizó a los maestros para difundir su ideología extremista y destructiva del ser humano.

Hay que corregir el mal en la semilla. ¿Y cómo corregir el mal? Evitando que esa semilla de odio y de discriminación se propague y germine. Y esa es una responsabilidad de los padres, de las escuelas y colegios, y de las universidades, así como de quienes enarbolan la bandera de la Educación; es decir, los profesores.

La Organización de las Naciones Unidas en la Resolución 60/7 del 1° de noviembre del 2005, “insta a los Estados miembros a que elaboren programas educativos que inculquen a las generaciones futuras la enseñanza del Holocausto con el fin de ayudar a prevenir actos de genocidio en el futuro”. Y en la Resolución 61/255 del 26 de enero de 2007 “se rechazan las tentativas de negar el Holocausto, que, al ignorar el carácter histórico de esos terribles sucesos, aumentan el riesgo de que se repitan.”

En acatamiento a estas Resoluciones de la ONU, la Embajada Mundial de Activistas por la Paz promueve el proyecto de ley para incluir en el sistema educativo de los diferentes países: “El Holocausto, paradigma del genocidio”, como tema de estudio en escuelas y colegios, y como cátedra transversal en las universidades.

Si bien el Holocausto es un hecho del pasado, tiene enseñanzas vivas para las presentes y futuras generaciones; hechos que aunque hayan acontecido en otro continente, permitirán al estudiante aprender sobre las consecuencias de la intolerancia, el odio, la discriminación, los prejuicios, los estereotipos, la falta de respeto por la vida y la dignidad humana.

Con el apoyo de todos los legisladores del Paraguay, este proyecto educativo de proyección internacional en favor de la familia humana, será una realidad; porque es mejor educar para prevenir, que juzgar para castigar.

 

Muchas gracias.