Discurso - Dr. Israel Majchel - Sobreviviente del Holocausto
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Discurso - Dr. Israel Majchel - Sobreviviente del Holocausto

FOROS UNIVERSITARIOS - EDUCANDO PARA NO OLVIDAR

El Holocausto, paradigma del genocidio

 

San José, Costa Rica

Jueves, 23 de enero de 2014

 

Dr. Israel Majchel

Sobreviviente del Holocausto

 

Esta mañana, cuando venía para este acto, yo vivo en Santana (que como ustedes bien saben es la vecina pobre de la República Independiente de San Rafael de Escazú), venía pensando: qué voy a decir a una audiencia tan conocedora de los Derechos Humanos, del Holocausto, desde el punto de vista humano, desde el punto de vista legal; y decidí en realidad no hablar directamente del Holocausto, sino que, de la causa subyacente que lleva hacia el Holocausto, y parafraseando lo último que nos enseñó el señor Camilo Montoya, de la frase del Dr. Soto: Es mejor educar para prevenir, que juzgar.

Mi nombre es Israel Majchel. Yo nací en medio de la guerra, en Europa, en 1940. Mis padres, ambos polacos, muy jóvenes, y en vísperas inmediatas de la declaración de guerra, como joven pareja decidieron emigrar sencillamente poniendo tierra de por medio al escenario de la guerra, y la idea era emigrar hacia el Este, alejarse hacia Rusia; e hicieron un viaje relativamente corto acompañados de una de las hermanas de mi madre, más que nada para explorar las posibilidades de emigrar, seguramente.

El ambiente en Polonia no era muy favorable, o más bien era bastante desfavorable para los judíos; había un antisemitismo muy marcado, una segregación marcada de la población judía, una limitación a sus posibilidades económicas, a sus posibilidades de educación, a sus posibilidades inclusive de traslado.

Hicieron ese viaje, y bueno, encontraron que era factible hacerlo. Entonces mi padre se quedó en la ciudad que habían arribado. Mi madre y mi tía se devolvieron para dar la buena nueva a la familia, y tratar de que emigrara toda la familia.

La familia de mi madre era una familia de ocho hermanos, lógicamente con sus tíos, tías, sobrinos, primos, etc., una familia muy grande. Pero debido a la ignorancia resulta que nadie quiso emigrar, entonces mi madre se devolvió sola; y de esa enorme familia la única sobreviviente finalmente fue mi madre.

Si los números no me fallan, debemos recordar que la población judía más grande en Europa, era en Polonia, había alrededor de tres millones trescientos mil judíos, en Polonia, de los cuales el 90% fue exterminado.

Mis padres, pues, en esta ciudad en que estaban afincados cuando estalló la guerra, ahí se casaron y empezaron su migración a través de Rusia, que tampoco era un país muy favorable a los judíos; también había discriminación, también había limitación, pero al mismo tiempo, debido al nuevo régimen y debido a la guerra, todo el pueblo estaba viviendo tiempos sumamente difíciles.

Ya conmigo a cuestas y debido a oportunidades de trabajo, de sobrevivencia, resulta que huyeron tan al Este que llegaron a Uzbekistán, porque había fuentes de trabajo en Uzbekistán.

Ahí tengo que hacer un paréntesis, que mi memoria de niño guarda muchos recuerdos de épocas en que yo realmente era pequeño; porque yo solamente he mencionado a mis padres y se maravillan que yo me acuerde de algunas cosas. Claro, no recuerdo las cosas cronológicamente ni en un sentido continuado de una historia, sino que mi memoria guarda son hechos aislados; y de ese viaje a Uzbekistán, ya yo tengo memoria de hechos aislados, de un viaje interminable en tren, de ida; cuando se decidió después el regreso era otro viaje interminable en tren, de regreso; con paradas múltiples porque los convoys militares tenían prioridad, y si venía convoy militar, ese tren podía estar parado tres, cuatro días, esperando que apareciera y que pasara el convoy militar.

En el viaje ya de regreso, después de la guerra, mis padres decidieron regresar a Polonia, a buscar lógicamente a sobrevivientes. De ahí en adelante mi memoria sí es continua, cronológica y puedo recordar completamente.

En ese momento yo tendría unos 5 años pasaditos, de edad, y recuerdo estando en la ciudad de Polonia, no en Varsovia, no recuerdo sinceramente el nombre de la ciudad, pero no era Varsovia, pero se pusieron a buscar familiares sobrevivientes. Había organizaciones que ayudaban en ese sentido, había listados, y se iban a revisar los listados; pues no aparecía nadie, pero además se reunían gentes y comenzaban a contar historias, historias terribles, de lo que había sucedido en la Guerra, realmente de los alcances del Holocausto.

Ahí quisiera, tal vez, mencionar algo que tal vez sea una omisión en las definiciones que mencionó la Lic. Jeannette Arias, de que definió sujetos activos y sujetos pasivos; eso está muy bien, pero yo creo que hay un punto intermedio que debe ser también sujeto de análisis, y es, no sé, el término puede ser incorrecto pero yo diría “intermediario”, y es en realidad toda la población, toda la humanidad que está viendo, que es testigo de hechos como los que ocurrieron, y que sencillamente no hicieron nada.

La Educación hacia la discriminación, que es la base en la que se basa el llegar a los términos extremos del Holocausto, debe ser activa, debe ser activo en el sentido de que no nos convirtamos los humanos nuevamente en testigos pasivos, en pensar que no se puede hacer nada, que está más allá de nuestros poderes, de poderlo hacer.

Siguiendo con mi historia, regresamos a esa Polonia, y lógicamente mis padres después de un corto tiempo, dijeron que era imposible en esos momentos seguir en Polonia, puesto que además de esas historias y ese tiempo, la gente para subsistir mercadeaba mucho en el mercado negro las cosas más inverosímiles, pero todo era posible mercadearlo con tal de obtener algo de sustento y de alimento para la familia. Pues eran muy frecuentes las historias de que si un judío iba a mercadear, e iba solo y era arrinconado en la calle o en algún callejón por un grupo de polacos, posiblemente iba a ser maltratado y había también casos de asesinatos en esas circunstancias.

Entonces decidieron emigrar para entregarse a las organizaciones que había para el manejo de los refugiados. Por vías ilegales, por supuesto, porque las fronteras estaban cerradas, logramos llegar a Alemania, a Berlín, pero Berlín estaba dividido en cuatro, y lógicamente el lugar mejor para entregarse era a las fuerzas norteamericanas.

Efectivamente llegamos a Berlín, y en Berlín de alguna forma mi padre logró que llegáramos a la parte norteamericana, y ahí se hizo entrega junto con la familia a una organización de las Naciones Unidas, UNRA creo que se llamaba, Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados; y nos colocaron en un campo de refugiados en las afueras de la ciudad, de Cassel; tengo entendido que había una gran fábrica pesada de confección de tanques de guerra, y en las afueras había una especie de ciudadela con edificios tipo multifamiliares, donde se alojaban los operarios de la fábrica. Ahí se convirtió pues en un campo de refugiados de guerra. Y la organización esta tenía como fin primordial era tratar de reunir a familias que se habían desplazado, ayudaban a buscar familiares vivos, ayudaban también a que los Gobiernos aceptaran refugiados.

Cuando llegamos a ese lugar, en la ciudadela esta, pues éramos todos refugiados judíos, pero en las afueras vivían alemanes, alemanes que tenían hijos, y tenían hijos de nuestras edades; y lógicamente, como niños, uno empieza a jugar con todo el mundo. Sin excepción, los niños alemanes con los que entablábamos amistad, nos reclamaban a los judíos, que habíamos matado a sus abuelos.

Bueno, esas amistades no duraron mucho, lógicamente; y en ese campo de refugiados poco a poco se iban colocando en distintos lugares del mundo a los refugiados. La mayor parte de refugiados querían ir, algunos a Israel, otros a América. América era el lugar más difícil; pero América se referían, con los conocimientos básicos, a los Estados Unidos de América; y los Estados Unidos de América, como prácticamente todos los países impusieron cuotas de aceptación de refugiados, entonces no era fácil.

Después de un año y medio que estuvimos en ese campo de refugiados, en ese periodo nació mi hermana, ella nació en Cassel; a mi Padre lo llamaron, le dijeron que tenían dos posibilidades de ubicarlo con una familia: uno era República Dominicana y otro era Costa Rica; y que tenía que hacer una decisión rápida porque había problema en los dos lugares.

En República Dominicana (le dijeron) había una revolución en curso, y a pesar de que había una revolución en curso podíamos ser aceptados en medio de la revolución, pero tenía que ser rapidito porque no sabían quién iba a ganar la revolución y si nos iban a aceptar después. Y en Costa Rica ¿cuál era la prisa? Bueno, “en Costa Rica va a haber una revolución dentro de dos semanas, y ahorita los aceptan pero después no sabemos los resultados que vaya a tener esa revolución.”

Así que en febrero de 1948 mi padre decidió que mejor llegar a un lugar donde todavía no había tiros, y llegamos a Costa Rica; lo cual fue una decisión providencial por la forma con que toda la familia nos hemos podido desarrollar en este inigualable país.

Efectivamente, llegamos a Costa Rica y dos semanas después hubo revolución, 1948, la última de nuestras revoluciones. En medio de la revolución mi padre empezó a “polaquear”, como se dice popularmente, sin conocer el idioma; no se enteró de que a las 5:00 de la tarde había toque de queda. Vivíamos en aquel entonces justo enfrente de la Escuela República Argentina en el barrio México; ahí empezaban los tiros a las 5:00 de la tarde porque había una especie de cuartel dentro de la escuela. La cosa es que por lo menos en dos o tres oportunidades, según puedo acordarme, mi padre venía de regreso con su valija al hombro, porque ya no había camiones de Escazú, de Santana donde trabajaba, y como había toque de queda iba para la penitenciaría; y si no llegaba a dormir, entonces en la mañana mi madre se comunicaba con alguien: “Mire, no apareció,” entonces iban a la penitenciaría a sacarlo.

Pero sin embargo, bueno, terminó la revolución y este país permitió que nos desarrolláramos. Y seamos claros y sinceros, todos lo sabemos, también en Costa Rica hay segregación de muchos tipos; no es ni mucho menos el problema de otros sitios, pero sí lo hay. Y en los tempranos años 50 hubo un brote de antisemitismo que yo creo que fue parado súbita y radicalmente por el Benemérito de la Patria, ex Presidente José Figueres Ferrer. Y yo creo que de ahí para acá no ha habido realmente manifestaciones de violencia antisemitas.

Hay muchas cosas que quedan en el tintero. No quiero prolongar más este testimonio mío, puesto que ha sido una mañana larga, aunque no exenta de muchísimas cosas interesantes. No la quiero prolongar más. Pero sí, para terminar, quiero insistir en que debemos luchar contra la discriminación. Si somos exitosos luchando contra la discriminación en todos los aspectos que podamos mencionar de ella, vamos también a ser exitosos en evitar la aparición nuevamente de un Holocausto.

Muchas gracias por su atención. Que tengan muy buen día.