Carlos Payares | Foro "Educar para Recordar" Universidad Club Militar Los Trupillos, Santa Marta, Colombia

CARLOS PAYARES

SECRETARIO DE GOBIERNO DISTRITAL

Dr. William Soto Santiago, Dr. Camilo Montoya, Dr. Carlos Milton Fonseca, y Dra. Norma Vera Salazar, quienes me acompañan en la mesa en este importante acto.

Señoras y señores, amigos periodistas, amigos de las fuerzas armadas del ejército nacional y de la policía nacional, todos los presentes, quiero hacer llegar un cordial saludo por parte de la administración distrital en cabeza del Dr. Carlos Eduardo Caicedo Mara.

El tema que hoy nos convoca parodiando al escritor Tábori, es posiblemente el que más esparce en nuestro ámbito planetario. Tábori decía, que la estupidez humana era la condición más democráticamente repartida en el mundo, y por supuesto que los conflictos y las guerras son un ejemplo claro de hasta dónde llega la estupidez humana.

Estos conflictos y guerras que a veces se presentan de manera convencional, no pueden ocultar otras guerras que se desarrollan día a día. Otros conflictos que nos perturban nuestra cotidianidad como son: las discriminaciones étnicas, las discriminaciones culturales, las discriminaciones políticas, las discriminaciones ideológicas, las discriminaciones religiosas, las discriminaciones de géneros, las discriminaciones frente a la tercera edad, frente a los niños, frente a los discapacitados o personas en estado de discapacidad; en fin, una serie de estupideces que aún nos rondan, y que el hombre civilizado tiene que tratar de superar.

Si uno mira la historia de la humanidad, podría llegar a la conclusión que las situaciones de violencia hacen parte consustancial de la naturaleza humana. Desde nuestros primeros momentos en ese emergimiento evolucionista que tuvimos, aparecen actos de confrontación entre los humanos, pero tendríamos que decir que no es así, nuestros conflictos, nuestras guerras, nuestras persecuciones, nuestras discriminaciones, tienen ámbitos muy distintos a la naturaleza biológica de la humanidad.

Por supuesto que en el reino de la animalidad se presentan manifestaciones que podríamos llamar violentas, pero que responden según los etólogos a una agresividad animal, que tiene que ver con razones instintivas o razones biológicas; pero en el caso de los humanos, nuestros conflictos son por otras razones que tienen que ver con la cultura. Y por eso es allí, en el campo de la cultura en donde tenemos que hacer un trabajo profundo, un trabajo estructural, para eliminar esas manifestaciones de las diferentes formas de violencia, que nos desvelan y no nos permiten vivir en la convivencia, en la fraternidad, y en la felicidad.

La historia de Colombia cuando osamos entrarnos en sus páginas, encontramos también que es una historia de violencia. Desde antes que llegaran los españoles y se constituyeron nuestros primeros imperios indígenas, la sola palabra “imperio,” el imperio inca, el imperio azteca, el imperio maya, señala de por sí una connotación de violencia, porque los imperios se construyen derrotando y esclavizando a otros pueblos.

Llegaron los españoles y ¿qué se dice? o ¿qué decir? de la época de la conquista, de la época de la colonia, después de esa agresión física a nuestros indígenas, que casi que acaban con ellos en el territorio nacional; casi que nos pasa, lo que le pasó con el tratamiento que le dieron los ingleses a los indígenas norteamericanos que prácticamente los extinguieron; y en ese caso quiero refrendar una afirmación hecha por la Dra. Vera, y es como también la mujer indígena fue convertida, como en todas las guerras en un objeto de conquista, en un objeto de trofeo, de vulneración a su fuerza material, y a su fuerza espiritual. Por eso nuestras madres genéticamente como lo dice Emilio Yunis, en el caso de la nueva granada son las mujeres indígenas, pero eso es un tema que tendría otros escenarios para discutir.

Aquí lo importante señalar es que a pesar de toda esa historia, existen personas a nivel mundial con la vocación del humanismo, de la paz, de la conciliación, de los acuerdos que luchan permanentemente por evitar estas expresiones y manifestaciones indeseables en la humanidad. Las condiciones de paz y convivencia, son manifestaciones de mentalidades democráticas y humanistas. Quienes se apartan de la democracia son proclives a las manifestaciones de agresión, a las manifestaciones de violencia, para resolver las diferentes visiones que podemos tener del mundo.

Por eso un demócrata y un pacifista defienden las condiciones del diálogo. Dialogar es una condición que debe ser sustancial al hombre civilizado, porque el diálogo nos permite entender que somos plurales, que hay que ser tolerantes; y a través del diálogo reconocemos a nuestros interlocutores, y esos ejemplos hay que darlos desde la misma familia. Que al interior de una familia, no se dialoga para precisamente reconocer con quién conversa uno, reconocerles sus miradas, sus derechos; derechos a la igualdad, y derechos a la diferencia. Los derechos no sólo son derechos a ser iguales todos en el plano de la economía, la política, el ejercicio de un credo religioso o de una manifestación ideológica, sino también tenemos derecho a las diferencias, en cuanto a las distintas manifestaciones étnicas o manifestaciones de género. Esa es la familia donde empezamos a construir una vocación por la paz, y la convivencia, y el respeto por la vida de los demás.

La concertación por lo tanto, es una huella de dignidad humana, de calidad humana, de conciencia humana, de democracia y de libertad. Pero por todas partes siempre aparecen personajes como el caso del holocausto alemán, que se consideran predestinados para gobernar el mundo, como el siniestro personaje Adolf Hitler. Figuras que se han esparcido en todo el mundo, en el mundo occidental, en el mundo oriental, en los países capitalistas, en los países socialistas, en los países del primer mundo, en los países del tercer mundo, siempre se encuentran manifestaciones de este tipo.

Lo más peligroso para la democracia son las personas que se creen predestinadas para gobernar, porque la democracia es un diálogo de construcción colectiva, y los predestinados creen que solo ellos pueden determinar el cauce del río del mundo. Son hombres esencialistas, que solo ven sus virtudes y en los demás ven defectos.

En una ocasión leí en un libro de economía política, donde un autor se atrevió a decir que la guerra era la partera de la historia, basándose en tantos hechos históricos de guerra; es decir, allí donde han habido cambios sustantivos en la sociedad, casi siempre están acompañados por un conflicto, por una guerra.

Hoy tenemos que decir con sinceridad que no es así; los conflictos y las guerras han terminado convirtiéndose en los sepultureros de la historia; la negación de la opción de vida planetaria, las posibilidades de extinción del ser humano y de otras especies, que nos han venido acompañando durante millones de años.

Termino diciéndoles que si no reaccionamos como hombres de paz, como hombres demócratas, como hombres respetuosos del pluralismo y de la tolerancia, el tiempo se nos va pasando y las sociedades siguen involucradas en los mismos problemas, y las mismas circunstancias que niegan nuestra opción de vida. Pero me equivoco, en realidad el tiempo no pasa nunca; nosotros no podemos esperar a que el tiempo pase, los que pasamos somos nosotros, el tiempo estará ahí y estará siempre. Pasamos somos los seres humanos, y es una vergüenza de nuestras sociedades, que nuestros hijos y nuestros nietos, hereden los problemas que no hemos sido capaces de resolver; entre ellos, los problemas de los conflictos y las guerras como en el caso de Colombia. Es una vergüenza, es una sociedad que se muestra como una sociedad colapsada. Yo nací en este país, un año después del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán; y presiento, tengo la esperanza que en esta ocasión, se logre conjurar más de 50 años de conflicto y de guerra interna. De no ser así, pues tendría que decirles a mis hijos que ahí les dejo la violencia, porque no fuimos capaces en Colombia, de atender como una virtud racional, para resolver este tipo de problemas.

De esta manera, quiero agradecerle al Dr. William Soto Santiago, como embajador mundial de los activistas de paz, su presencia en esta ciudad. Estos escenarios deben ser replicados en todo el mundo, en todos los lugares que podamos, convocar a la gente que realmente quiere a la gente; la gente que entiende por identidad, la primera identidad que tenemos, que es la identidad de la especie humana: los parroquialismos, los regionalismos, los etnocentrismos, son proclives a la agresión entre los pueblos.

Nuestro primer documento de identidad, es ser miembros de la especie humana; y allí donde haya dolor, allí donde haya guerra, hay que levantar la voz en contra, para defender la dignidad de todos los humanos. Les agradezco mucho esta oportunidad, a los organizadores del evento, y espero que las conclusiones sean benéficas para todos.

Muchas gracias